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¿Te has quedado alguna vez saludando al infinito?

Escucha la #Tuithistoria de Javier Ruiz para el programa Hoy por hoy

Infinito

Él avanza decidido por la acera sucia de una calle murciana. El paso firme, la mirada arriba, sin gafas de sol para que el astro rey le de calor en las córneas... Todo va bien esta tarde que ha empezado lluviosa y ha seguido especialmente soleada y llena de pájaros.

Al fondo a la derecha, surge de una esquina una chica morena con unas gafas de sol -ella sí- gigantes.

En medio de ambos, interrumpiendo por momentos su línea de visión, dos adustos hombres avanzan hacia un portal.

Él la ve a ella sonreir. Tiene la boca llena de dientes, como todos los mortales, pero muy bien situados y muy blancos. Y piensa que van a saludarse.

Es verdad que la conoce. No mucho, ni poco, sólo lo suficiente para un cordial saludo si se cruzan por la calle. Quizás un impersonal "¿Qué tal?" o un sonoro "hasta luego". Otra opción es que, tras saludarse, se paren a charlar por cortesía unos segundos. ¿Qué tal la familia? ¿Dónde vas a pasar las fiestas?

El caso es que él, por la sonrisa llena de dientes de ella, piensa que ella le ha visto. Levanta la mano en dirección al sol y la eleva para saludar como un monarca.

De repente, ella gira y se incrusta charlando animosamente en el portal junto a los dos señores que estaban en medio de ambos. Sus ojos no han debido tener profundidad de campo para ver al chico. O eso o las gafas no son graduadas.

El chaval, protagonista de esta triste tuithistoria, se queda saludando al infinito. Suena algo melancólico del piano de Eric Satie en su cabeza. Retira el saludo, algo avergonzado y continúa.

La vida del viandante con buena visión tiene estas cosas.

Javier Ruiz

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Cadena SER

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