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Jueves, 17 de Octubre de 2019

Otras localidades

López Otín: "He sido muy feliz aquí, pero necesito curarme, buscar otras alternativas"

El investigador da como prácticamente segura su marcha de la Universidad de Oviedo

Carlos López Otín descubre, con este libro, su faceta como divulgador científico /

Carlos López Otín se encuentra ante una encrucijada de caminos. Uno, el ya realizado, pleno de logros acumulados en 35 años de carrera en la Universidad de Oviedo, pero plagado de los argayos que han querido sepultar su trayectoria durante los últimos dos años. Los otros senderos son los que se abren ahora ante la vista del investigador nacido en Sabiñánigo: quizás escribir, dedicarse a la divulgación o retomar los trabajos lejos de su laboratorio de Oviedo, en otros lugares “donde las condiciones son infinitamente mejores”. Atrás se va a quedar una escuela de discípulos que no va a continuar, según anuncia en Hoy por Hoy Asturias; también los 10.000 estudiantes que han pasado por sus clases y los proyectos que han atraído ciencia y recursos económicos.

Otín se encuentra en ese trifinio donde coinciden todos esos territorios, tratando de decidir su futuro. No llega a expresar de modo claro su deseo de irse, pero cuando se le inquiere por su porvenir, habla de un laboratorio parado desde que se tuvieron que sacrificar los casi seis mil ratones que habitaban el bioterio de su grupo de investigación tras una sospechosa infección; de los años que llevaría volver a la normalidad y de la inquina que le ha perseguido desde el verano de 2017, cuando pasó de ser el hombre más feliz del mundo a convertirse en el más triste: “De repente todo se vino abajo, te das cuenta de que hoy cualquiera puede destruir a cualquiera”. Aclara que continuar con su trabajo aquí se torna prácticamente imposible en estas circunstancias, que ahora necesita encontrar su Ikigai (razón de vivir) que puede llevarle por otros caminos: “Necesito buscar otras alternativas; puedo dedicarme a escribir o irme a otros lugares donde las condiciones son infinitamente mejores, pero me faltaría el calor de la sociedad asturiana que es incomparable”.

A ese cariño se refiere Otín con énfasis. Dice que “en los peores momentos recibí una oleada de afecto sin precedentes en la historia”. Durante su estancia en LaSorbona (París), aislado por prescripción facultativa, surgieron las primeras líneas de un libro que lleva camino de convertirse en Best Seller. La vida en cuatro letras está dividido en cuatro capítulos, tantos como días de felicidad le corresponden a cada persona, según los cálculos de Abderramán III. Confiesa que es un libro de autoayuda “sobre todo para el autor, un Homo Sapiens Sentiens que siempre trató de ser estudioso y altruista pero que de pronto perdió la razón de vivir”. El texto plantea una pregunta: qué es la vida. A partir de ahí, el autor se acerca a las claves de la vida, de la enfermedad y de la felicidad desde la ciencia, para terminar reflexionando acerca de dónde nos van a colocar todos estos avances. Otín nos sitúa ante las puertas de la inmortalidad y la perfección a lomos de la robótica y la inteligencia artificial.

La Vida en cuatro letras finaliza con una concesión al Homo Videns, que no tiene tiempo para distraerse en demasiadas lecturas. El libro termina con la presentación de cinco claves generales y catorce breves recomendaciones que al autor le han servido para entender el concepto de felicidad “tanto en la salud como en la enfermedad”.

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