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'Entre el fuego y los escombros'

Reflexiona Rosario sobre el incendio de Notre Dame

Dicen que a todos nos puede cambiar la vida en un par de segundos... Que la fatalidad existe, y que en ocasiones basta un simple descuido, un despiste apenas perceptible, para provocar un desastre que haga tambalear los cimientos, que creíamos firmes, de nuestras acomodadas rutinas.

En apenas unos segundos se puede caer un niño por un pozo, provocar un accidente tráfico, abrir una vía de agua que hunda un barco, desatar un incendio que arrase una casa, o un bosque, o una catedral... "Error humano" es el eufemismo que solemos utilizar para referirnos a nuestro talón de Aquiles como especie: esos pequeños despistes, fruto de nuestra tendencia a distraer la atención de lo que hacemos, que acaban provocan grandes tragedias.

Todavía está por ver si el desastre de Notre Dame de París es fruto de eso, de un "despiste", de alguien que se distrajo y no hizo lo que debía, de una monumental cagada... Por el momento, hay una investigación abierta y resulta obligado esperar a sus resultados, entre otras cosas porque cuesta creer que una catedral con casi 10 siglos de historia, y que ha estado expuesta a todo tipo de peligros, entre ellos los derivados de dos Guerras Mundiales, haya estado a punto de venirse completamente abajo, en pleno siglo XXI, por una torpeza chapucera.

Mientras los investigadores investigan y los franceses parecen ir saliendo, poco a poco, del inicial estado de shock, las redes sociales se confirman, una vez más, como el escenario perfecto para todo tipo de duelos compartidos... y en ellas, como en los velatorios de toda la vida, se puede encontrar de todo: desde los que sienten verdadero dolor por la pérdida de lo que un día conocieron y amaron, hasta los que aparecen sólo para cumplir y poder decir luego: yo estuve allí.

Somos una especie compleja, llena de contradicciones, capaz de lo mejor y lo peor: de levantar joyas góticas cuando había que hacerlo casi únicamente con las manos y de hacernos selfies ante los escombros de monumentos de cuyo valor histórico y cultural casi nada sabíamos, al menos no antes de que una fatalidad los convirtiera en portada de telediario o trending topic en Twitter o Instagram.

Quién sabe... Tal vez ahora que somos casi todos expertos en el Gótico les dé a algunos alumnos de Secundaria por prestar algo más de atención en clase, y a sus padres por llevarlos de vez en cuando a visitar, sin prisa, alguna catedral de ésas que también tenemos en España, que son auténticas joyas de nuestro patrimonio y que merecen que les hagamos algo más de caso, más allá de la excursión turística de turno que toca hacer, cuando toca.

Y quién sabe... Ya puestos a pedir, ojalá Europa ponga tanto empeño, y tantos millones de euros, como los que se van a invertir en la reconstrucción de Notre Dame en reconstruir esos valores que nos convirtieron en una especie de tierra prometida, y que tienen grietas cada vez más grandes, y que cada día que pasan corren más riesgo de quedar reducidos a escombros... Aunque la tragedia del Mediterráneo ahora no venda, y sea el agua, y no el fuego, el motivo de nuestra vergüenza.

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