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Lunes, 23 de Septiembre de 2019

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El comentario de Diego Boza

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Selectividad (ahora EBAU)

Como no hay avance en lo de los pactos en Madrid, que al fin y al cabo es lo que importa a la prensa estatal, se ha puesto de moda estos días hablar de universidades. Bueno, más que de universidades del acceso a la universidad porque están celebrándose las pruebas de acceso, también llamadas selectividad, en muchos lugares, entre ellos, por supuesto, Madrid que, al fin y al cabo es la que marca la agenda a toda España.

 

Supongo que a estas alturas ya saben que estas pruebas marcan el 40% de la nota de acceso de un estudiante a la universidad y que son diferentes por Comunidad Autónoma. Esta última condición, la diferencia entre Comunidades Autónomas, se ha convertido en el nuevo caballo de batalla del centralismo imperante. Quieren que todas las Comunidades tengan la misma prueba porque unas las hacen más sencillas que otras.

 

Es curioso que pongan el grito en el cielo porque el 40% de la nota dependa de un examen que no es exactamente igual –aunque por ley debería ser equivalente- y que nadie se alarme con que el otro 60% de la nota provenga de la decisión de institutos muchos de ellos, especialmente los privados, con fama de inflar las notas y facilitar que sus estudiantes obtengan las posiciones más altas.

 

Que nadie se confunda. En esto subyace el clasismo de siempre. Los que las ponemos más fáciles somos siempre los demás. En concreto, los pobres: Extremadura, Andalucía y Canarias. Según parece, facilitamos los exámenes de Selectividad para que después nuestros estudiantes invadan sus universidades aprovechando el Distrito Único universitario.

 

Precisamente, una de las cosas que más puede favorecer a nuestro país y la convivencia es el contacto y el hecho de que estudiantes de otras zonas cursen sus estudios en universidades distintas a las de su domicilio supone un gran aliciente y una perspectiva de mejora en nuestras relaciones interterritoriales. Ese es otro papel fundamental de nuestras universidades, además del de motor de cambio social que con la política de becas está muy estancado.

 

Pero no se bajan de su clasismo. Desprecian la calidad de las universidades periféricas, especialmente las del sur. Las desprecian mientras que olvidan que el presupuesto andaluz ha recortado dos millones de euros para personal y conduce a una mayor precarización. Hay titulaciones en las que resulta prácticamente imposible encontrar profesorado dadas las condiciones y los salarios. Nos desmantelan y nos repudian. Pero mientras, en las universidades pequeñas, periféricas del sur seguimos compitiendo. No se crean, detrás de ciertos discursos aparentemente inocentes hay una gran carga despreciativa.

 

 

 

 

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