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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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Ildefonso Alcalá pronuncia el Pregón del Mayo Cordobés

Acto organizado por la Casa de Jaén en Córdoba

Momento en el Ildefnso Alcalá pronuncia el pregón /

El Cronista Oficial de Jódar, Ildefonso Alcalá Moreno, ha pronunciado el Pregón del Mayo Cordobés en la Casa de Jaén en Córdoba, celebrado en el ‘Centro Cultural Carmen Márquez’. En palabras del propio cronista, “… Ha sido un acto entrañable…”.

Fue presentado el acto cultural por el secretario Jesús Vico González; presentando a nuestro paisano, el también galduriense y empresario afincado en la ciudad de Córdoba, José Gregorio Ramírez, así como por el presidente de la Casa, el conocido médico Rufino Gomera López.

El pregón contó con la presencia de una representación del Excmo. Ayuntamiento de Córdoba, representaciones de instituciones culturales y también algunos paisanos como Andrés Rivera y su esposa Juani o Aurelia Arenas. Uno de los asistentes definió el pregón de nuestro paisano como: "… Un pregón de flores hilvanadas con sutileza…", a este comentario responde el pregonero: “… Así he querido que fuese, hablando de Jódar, de Jaén, de mis vivencias en esta ciudad, y de todos los actos que conforman el mayo cordobés…”.

El acto finalizó con la entrega de los premios literarios de este año y un concierto de jazz, previsto en el patio de la institución se ha trasladado al salón de actos por la afluencia de público.

PREGON

“Sr. Presidente de la Casa de Jaén en Córdoba, junta directiva y miembros de esta asociación, autoridades del Excmo. Ayuntamiento de Córdoba, paisanos presentes, cordobesas y cordobeses:

Gracias presentador, gracias querido paisano por tus palabras. Pregonar aquí en Córdoba, ha sido para mí un honor muy grande. Por primera vez salgo de mi tierra, para exaltar otra ciudad, que fue mi casa durante casi dos años. Mi querido paisano don José Gregorio Ramírez, activo galduriense en la vida cultural cordobesa, muy querido, y el presidente de la Casa de Jaén en Córdoba don Rufino Gomera han sido los que han confiado en mí para que esta noche presida esta tribuna.

Esta casa de Jaén en Córdoba es el hogar común, de los jiennenses residentes en esta ciudad, pero es también el hogar común, de quiénes se acercan a compartir con ellos y ellas todo lo mejor que tiene el sentirse hermanos. Yo, y mi ciudad: Jódar, así nos sentimos cuando al comenzar octubre del pasado año, fuimos homenajeados por esta casa. Nos sentimos en casa, en familia, y tan espléndidamente acogidos, que confiaron en mí, para este pregón, yo que soy más de dar conferencias históricas… Espero no defraudaros y que sepáis ser condescendientes con éste que les habla por haberse metido en estas lides literarias…

Ildefonso Alcalá acompañado por algunos galdurienses residentes en Córdoba / Asociación Cultural Saudar

Córdoba y Jaén son dos provincias hermanas, las bellezas de una, nace en la otra, las bellezas de la otra se complementan con esta… unidas por la historia, desde sus calzadas romanas, sus itinerarios árabes, sus rutas de conquista… y sobre todo por el río grande, nuestro Betis, nuestro Guadalquivir… no se sabe donde comienzan y acaban sus mares de olivares, la mescolanza de sus gentes, los lazos entre pueblos, que unen y nunca dividen…

Dedico este pregón a los emigrantes de Jaén que viven aquí, cada uno de ellos con su historia, con sus vivencias, con sus nostalgias, siempre mitigadas por una tierra que los acogió con los brazos abiertos, como una madre generosa, así ha sido siempre Córdoba… el alma de Córdoba son sus gentes, sus fiestas no son sino la consecuencia directa del alma de sus gentes, las de ayer y las de hoy…

 

Del Santo Reino vengo…

Vengo del Santo Reino, de la provincia de Jaén, de la ciudad de Jódar, que ahora está celebrando su centenario de la concesión del título de ciudad. De Jódar donde nació el ilustre compositor don Pedro Gámez Laserna, que tanta historia musical dejó en esta ciudad: Saeta cordobesa o impresiones cordobesas, a él ya le habían precedido otros músicos de Jódar que dejaron su impronta en esta ciudad introduciendo las cornetas y tambores, y aquí están asentados ilustres galdurienses, muchos sentados aquí, que en su carrera profesional y humana brillan.

La primera referencia histórica sobre Jódar y su castillofue cuando el Valí o Emir de Córdoba Abu-l-Jattar al-Husam ibn Dirar al-Kalbi (742-745) asignó el distrito de Jódar a la tribu siria de Quinnasrín (del linaje de Qays) en el año 744, asentándose su temido e influyente jefe al-Sumayl y sus descendientes según el Yamhara, quedando Jódar nombrada como capital de la Cora. En el año 765 después de la Batalla de al-Musara, al-Sumayl al-Kilabi, ministro del Gobernador Yusuf al-Fhiri, derrotado por los Omeyas, se refugia en Lajsabil de Jódar, pero antes en Córdoba, cual Nerón, “presenciaba el saqueo de su casa recitando versos desde una colina próxima”. Hasta aquí, hasta Córdoba, llegó en una caja envuelta con bolas de alcanfor la cabeza decapitada del reyezuelo sublevado de Jódar en el año 890: Jayr B. Sakir. Al Muqaddasi dice de Jódar que en el siglo X (año 985) que era uno de los trece aqalim, él los llama rustaq, que estaban en torno a Córdoba. También aquí enseñó el natural de Jódar, la Sawdar musulmana, `Abd al-`Aziz, que transmitió ciencia y conocimientos, mejorando sus enseñanzas del gran maestro de la época Abu b. al-`Arabi en torno al 1101-02. Jódar, junto con Córdoba, formaron parte de la hermandad constituida por numerosas villas y ciudades en el año 1265, para socorrerse mutuamente. Y un conquistador de Córdoba, Lope Sánchez, primer Señor del castillo de Valenzuela, camarero mayor del rey Fernando III y valeroso capitán de la frontera, fue padre de Sancho Martínez de Xodar que extendió sus dominios por Jódar hasta el Carpio. Ilustres familias, como los Fernández de Córdoba, se emparentaron con los señores de Jódar.

Vengo de donde nace el río Guadalquivir, aunque por allí aún sea niño y tímido, pero da vida a sus mares de olivares, que producen el mejor aceite de oliva virgen extra del mundo… ¡Qué les voy a contar de Jaén! Nuestra tierra, a muchos de los aquí presentes…; Jaén es mucho más que la tierra por donde pasan las autovías, un área de servicio, o Despeñaperros… Jaén, es la primera región del mundo con la mayor concentración de castillos, junto con Siria… Jaén y su Santo Rostro o el Abuelo, o su maravillosa catedral, tiene en sus casi cien pueblos, el encanto y el embrujo de su historia de frontera, de colonización, de nuevas poblaciones… Si Úbeda o Baeza, patrimonio de la humanidad son las más conocidas, no son menos sus conjuntos históricos desparramados entre sus parques naturales como los de Cazorla o Mágina, o sus fiestas de tanta raigambre como la romería de la Virgen de la Cabeza… su caza en Sierra Morena, su artesanía cerámica, del esparto o del mimbre… Jaén es la gran desconocida de Andalucía… incluso por los propios andaluces, yo les invito a que la conozcan y se pierdan en ella… Dice su eslogan que es el paraíso interior, y los que somos de allí lo sabemos…

 

Recuerdos…

Mis recuerdos de Córdoba, como los de muchos españoles, son de ropa de camuflaje, de pan Arenas, de Cerro Muriano… Durante muchos años Córdoba fue destino para miles de jóvenes que aquí realizaban el Servicio militar, a todas las vivencias de aquella experiencia, cuando casi la mili acababa, se unen recuerdos con personas, con aromas, y con el profundo conocimiento de esta tierra, allí descubrí el salmorejo, el ajoblanco, que ya son comidas y sabores que me cautivaron… Descubrí la hospitalidad de la gente de Córdoba, la ciudad y su constante evolución urbanística, de embellecimiento… siempre me llamó la atención la limpieza de la ciudad, el encanto de sus calles, da igual que sean del casco antiguo como del moderno…

Yo viví una etapa diferente, a un verano calurosísimo, ¡que novedad aquí! se unió un invierno de lluvias torrenciales durante casi dos meses… después por motivos profesionales estuve aquí mucho más tiempo entre legajos, conociendo su historia, que es lo mío… y así descubrí sus fiestas, estas fiestas… la riqueza cromática de sus patios, el embrujo que la naturaleza confiere cada primavera a cada rincón de la ciudad, matizando esquinas, de engalanados muros de trepadoras buganvillas, degusté los peroles de la romería de la Virgen de Linares, la alegría de la cabalgata de las flores, la magia de la feria de la Salud, en un estadio del Arcángel que comenzaba a crecer, y ser emblema de una nueva Córdoba y el AVE que acercó a Córdoba al mundo.

 

Mayo cordobés, el mes más importante del año para esta ciudad…

Seguro que cuando los fenicios instalaron un puesto comercial donde hoy está ubicada Córdoba ni se imaginaban la que iban a liar. Ni los habitantes de las aldeas de hace cinco mil o más años, ni los romanos de la Colonia Patricia Corduba. No sabemos si el nombre de la ciudad proviene de un molino de aceite, o quizás mejor del nombre Qart-tuba, o ciudad buena, que le va mejor. Ni nada cambia si al Guadalquivir le llamaban el río Oba. Ni Séneca ni Lucano, ni Averroes ni Maimónides, ni Luis de Góngora, ni Manolete, ni los que crearon la más maravillosa ciudad, capital del Emirato Independiente y del Califato Omeya de Occidente, ni los Abderramánes, ni los santos mártires, ni Fernando el Santo, ni Fosforito hicieron la ciudad definitiva, porque todos ellos juntos, con sus vecinos, hicieron posible la idiosincrasia de esta ciudad, ese es el verdadero patrimonio de la humanidad. Su esplendor cultural, filosófico, su refinada cotidianeidad desde la antigüedad, son valores que hoy perviven en las tradiciones que engrandecen a esta ciudad. ¿Desde cuándo son estas tradiciones? Puede que la Córdoba romana ya celebrase por estas fechas los ludi floreales o florealia, fiestas florales en honor de Flora Mater o Maia (que dio nombre al mes), diosa de la vegetación, la naturaleza y la fecundidad. Había la costumbre de escoger a una joven como reina de la primavera. Además, existían justas poéticas.

Ciertos autores enlazan la fiesta de La Cruz de Mayo con un origen precristiano en el Árbol de Mayo o Palo de Mayo. El culto al árbol muy común en las religiones europeas, fue secundado por pueblos como los celtas o los romanos, entre otros. En el Arbor Intrat romano se cortaba un pino, se engalanaba con guirnaldas violetas, cintas de lana y una imagen de Atis y se llevaba al templo de Cibeles.

El intento de superar y cristianizar un mundo pagano posiblemente está a la base de dedicar el mes de mayo a María, aunque no haya una razón litúrgica para ello. En Europa se va perfilando poco a poco el mes de mayo como mes de María. En cuanto a las cruces, el origen está en conmemorar el hallazgo por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Esta costumbre del árbol pasó a ser el Mayo Florido o la Pascua Florida: La Cruz verde.

Apenas finalizada la Semana Santa, cuando el rico manto de la Señora de Córdoba se perfila en la entrada a su templo, iluminado por la luz de los faroles de un Cristo por el que Córdoba es conocida universalmente, cuando las calles de Córdoba huelen todavía a azahar, a cera e incienso… y todos los barrios de la ciudad han palpitado ante el fervor de sus cofradías… Córdoba prepara su alma para la alegría de la Pascua, que aquí se vive con especial intensidad, porque habrá habas en Las Ermitas y el potro de la fuente galopará con alguna chiquita piconera retratada por Romero de Torres que se escapará del cercano museo, y cata de vino Montilla-Moriles, que pena sea de Bronce la estatua de Séneca ¡con lo que le gustaba el vino al modelo que posó!, vendrán las romerías de santo Domingo y sus peñas romeras y la de Virgen de Linares, la invencible generala, y sus peroles…

Mayo explota en Córdoba, con la elegancia que sólo esta ciudad sabe plasmar en todo lo que hace, una ciudad resurgida, con muchos proyectos e ilusiones, que se renueva cada mayo con promesas de un futuro mejor, trabajo para las familias, respeto por su patrimonio, calidad de vida para sus vecinos… todo se olvida cuando llega mayo, hasta el calor, la ciudad de la alegría un año más se olvida de sus penas, y se hace copla y sentir, y copa y perfume, y se viste de gitana, al galope de un caballo… y en cualquier rincón resuenan los acordes de la guitarra cordobesa, como los del reloj de la Plaza de las Tendillas, gran capitana de las plazas cordobesas… y el cante y baile recorren callejuelas y plazuelas, patios populares y señoriales… el arte flamenco, su feria taurina en el coso de Los Califas, aquí hay concursos para todo…y para todos… Es Córdoba la ciudad de la primavera, orgullosa de su historia, historia como pocas. Córdoba tiene muchas cosas además de su mezquita-catedral, de Medina Azahara, de sus iglesias fernandinas, de su templo y puente romano, de su judería… Córdoba tiene sus macetas con claveles, geranios, gitanillas, rosales, buganvillas, celindos… aromas únicos. Los sonidos de una guitarra, el quejío de un cante… la belleza de sus gentes.

Córdoba exalta la alegría de la Pascua, el triunfo de la resurrección, con sus cruces de mayo, donde el color de sus flores, el exorno de su entorno, la gracia de los elementos tradicionales vibran al unísono, en la justa medida a la vez que en el derroche desmedido, porque en Andalucía somos así, siempre nos parece poco a la hora de engalanar nuestras cosas, nos gusta lo recargado, lo de siempre, mezclamos lo sagrado con lo profano, la tristeza con la alegría… en definitiva, así es la vida del ser humano… Si Córdoba es bonita durante once meses, si cada vez que venimos nos sorprende un rincón, una plazuela… ahora las descubrimos engalanadas como sólo esta tierra sabe hacerlo… la belleza en las calles, al sol, enmarcando portadas, fachadas, o frescos patios…Así comienza el verdadero mayo cordobés, con la cruz exaltada. Aquí “ir de cruces” no es ir de sufrimientos, sino de alegrías. En torno a ella los amigos, las familias, el baile, los caracoles y el buen vino… las tapitas… y también el concurso, que siempre no está al agrado de todo el público…

Córdoba en mayo huele a flores, y no sólo por esa preciosa calle de las flores, embeleso del visitante, sino porque de verdad es que huele a flores… Tras las cruces, otros perfumes, otras alegrías vendrán, esta vez será las fragancias de sus patios, que se abren de nuevo, tras la clausura casi conventual de once meses, para derrochar el cuidado y mimo de sus vecinos que muestran al mundo la belleza de la naturaleza que cada primavera se perfila delante del blanco inmaculado de la cal. Un acontecimiento que antaño, era íntimo, doméstico, cotidiano, en cada rincón de la ciudad, ahora lo es multitudinario… y hasta competitivo por el tradicional concurso… Córdoba tira la casa por la ventana, mejor dicho, por los patios, para derrochar más belleza, y habrá hasta batalla de las flores. Desde San Basilio a Santa Marina o San Agustín, de San Lorenzo y San Rafael a San Pedro y Santiago, finalizando en San Andrés y el Realejo, toda la ciudad se viste de gala, de convivencia, de hermandad…

Yo no he visto ciudad más alegre, más compenetrada y centrada en la belleza natural, sin artificios, lo popular se ha vuelto único, patrimonio de la humanidad, ¿habéis visto que cosa más bonita? Aquí no se buscan grandes palacios andaluces de columnatas o arcadas, de fuentes artísticas, que los hay y muy buenos ahí tenemos el de Viana, sino la belleza de lo más popular, adornado por la belleza de la naturaleza. Quizás sea en sus patios donde resida la idiosincrasia de los cordobeses antiguos, herencia viva de la más pura tradición andaluza: la conversación a la sombra, la buena vecindad…

Claro, que como andaluces no podemos remediar que si tenemos algo bonito, se quede para nosotros, se quede dentro de la casa, aunque hablamos las puertas de los patios unas horas, queremos que la belleza se desparrame por nuestras casas, y así se engalanan rejas y balcones, la belleza de las flores multicolores cae entre artísticas o sencillas rejas, da igual, por un mes en quienes se van a fijar es en la belleza de lo efímero.

Y cuando tanta belleza no extenúa, llega la explosión de Córdoba, su feria de La Salud, si antes todo era íntimo, callado, entre callejuelas y escondidos patios, ahora estalla la alegría de una ciudad en torno a sus casetas, a la portada y al ferial, donde los cordobeses se abren al mundo, toda la ciudad se reúne para festejar su semana grande, su gran semana… coros romeros, bailes que mueven el cuerpo y el alma, una feria que nos volverá niños, nos llenará con sus recuerdos… sus añoranzas, los que se fueron, los que no pueden ir… lejos queda la aparición de la Virgen a dos labradores en la Puerta de Sevilla. Córdoba cerrará con broche de oro este mes, y comenzará un nuevo calendario porque otro mayo cordobés está más cerca.

La belleza de lo efímero, podría ser una buena definición de este mes. Un símil con nuestra vida. La belleza de lo efímero… Córdoba deslumbra por un tiempo, por encima de sus milenarias piedras, de las columnas de su mezquita-catedral o de su celebrado río… deslumbra por el mimo de sus gentes hacia la naturaleza, cuidando todo el año esas macetas para que cada primavera, brillen como la plata refulgente de sus orfebrerías y joyerías, como la riqueza de sus vinos, como la gloria del Arcángel san Rafael, las luces de los trajes de sus toreros o como las gargantas de sus cantaores flamencos… decía aquel pasodoble: Córdoba sultana, la de las mil maravillas, la de placitas de ensueño y de las mujeres bonitas…

¡¡VIVA CÓRDOBA!! ¡¡VIVA JAÉN!! ¡¡VIVA EL MAYO CORDOBÉS!!”

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