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Sábado, 19 de Octubre de 2019

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Hay niñas con pene y niños con vulva

Naizen, la Asociación de Familias de Menores Transexuales, organiza una jornada solidaria en Vitoria en la que compartirán sus vivencias y ofrecerán sus recursos de apoyo y acompañamiento

Escucha aquí las historias de Javi y Ander, ambos vinculados a Naizen, la Asociación de Familias de Menores Transexuales. Forman el colectivo ya más de 100 familias de todo Euskadi; en 2015 eran apenas 8 y nos cuentan que cada vez reciben más consultas. Ahora cuentan con una web (www.naizen.eus) muy didáctica; en ella puede encontrarse un teléfono de atención continua. Este 25 de mayo celebran una jornada solidaria y abierta al público en 'Bodhitattoo Studio' en la calle Guatemala 6, en Vitoria. Van a realizar un maratón de tatuaje y venderán productos (camisetas, pines) para conseguir fondos con los que financiar la asociación. A Gasteiz acudirán familias de todo el País Vasco para compartir sus vivencias con quienes deseen.

Reivindica el derecho de cada cual a ser. Reivindica la diversidad: "hay niños con vulva y niñas con pene". Reivindica que sus hijos e hijas sean aceptados tal y como son, en libertad y sin explicaciones de más. Es el alegato de Javi y el de las familias de Naizen, la Asociación de Familias de Menores Transexuales, que ofrecen su experiencia para acompañar a quienes tengan que transitar por el mismo camino que ellas.

Javi es el padre de Yerik. Al nacer le llamaron Yara. Pronto se dieron cuenta de que no habían tenido una hija sino un hijo, con vulva. Yerik lo tenía claro. A los dos añitos ya lo verbalizaba: él era un nene y quería ser como Eneko, su profesor por aquel entonces. Las dudas, la falta de conocimiento hicieron que en aquel momento Javi y su familia lo dejaran pasar. Pero a los 8-9 años Yerik era un niño decaído. Le hicieron incluso pruebas médicas para determinar si le ocurría algo físico. Yerik estaba triste y soportaba una gran presión: su cuerpo estaba cambiando en una dirección que no sentía suya. Finalmente se reafirmó: no era Yara, era Yerik.

Ander, de Agurain, tenía claro desde muy niño que algo ocurría. No sabía qué era. Le llegó a poner nombre: transexualidad; aún así no se atrevió a dar el paso, "menuda movida", pensó. Una noche, con 15 años, ya no pudo más. Se trataba de su felicidad. Llamó a su ama y se lo contó.

Yerik y Ander pasaron de la tristeza a la luz. Incluso sus rendimientos escolares han mejorado. Ander, que no se planteaba gran continuidad en los estudios, está preparando la selectividad para hacer psicología. Acude a centros escolares a contar su experiencia. "Ahora ya no miro el futuro pensando qué va a pasar. Ahora tengo ganas de seguir y de conseguir cosas para los que vienen detrás; que no digamos: -yo he sido un chico con suerte porque me ha ido bien. No. que todos tengamos suerte y que a todos nos vaya bien. Y en eso estamos", dice.

En eso están en Naizen y -aseguran Javi y Ander- también lo están en otras muchas organizaciones que facilitan en Euskadi a las familias como ellas caminar acompañados por la senda que les conduce a conquistar el derecho a ser -como sean- de niños y niñas.

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