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Miércoles, 08 de Abril de 2020

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OPINIÓN

Masclet y calambrazo; espinas y rosas

Marcelino celebra la victoria en la final de Copa

Marcelino celebra la victoria en la final de Copa / GettyImages

¿Hay algo más bonito que la sonrisa de un niño(a) o las lágrimas de emoción de un abuelo (a)...? ¿Y la mirada tierna de un padre a sus hijos? Eso es lo que provoca ganar un título. No hay nada que tenga mas fuerza social que una revolución del pueblo o que un titulo para el pueblo. 25.000 personas a Sevilla, o gente a las 11.30 de la mañana, haciendo cola para llenar Mestalla, sin que haya partido.

Los presupuestos no se celebran, las copas sí. Las copas son para la afición, para los “iaios y xiquets”, para crear historias de unión entre abuelos, padres e hijos desde la infancia. Y el destino, ese rebelde incontrolable tenía escrito su propio guion para esta temporada. Para la temporada del Centenario.

Un remix de lo que ha sido la historia del Valencia CF: muchas espinas y grandes rosas. Primero fueron espinas y dolor y luego rosas y placer. Y estoy seguro de que las cosas no pasan porque sí. La primera parte de espinas de la Liga quizá fue para que no creyésemos que todo el monte era orégano después de una temporada en la que el equipo quedó 4º, cuando todo el mundo se habría conformado con quedar 6º después de dos temporadas seguidas 12º y 12º.

Quedar 4º o 3º en esta Liga no es nada fácil. No hay que darlo por supuesto, ni exigirlo, porque en el fútbol, la realidad de la competición te pone en tu sitio a tortazos. Y eso pasó en la primera vuelta. Las espinas por poco hieren de gravedad a Marcelino, si no llega a ser por el gran jardinero Mateo Alemany que regó de racionalidad y criterio profesional ausente de contaminaciones locales y pasionales. Y también porque podó con su fina tijera las ramas molestas e intrascendentes del árbol. Que no sea de aquí, le otorga una distancia muy necesaria para los momentos claves y tensos.

¿Quién iba a decir que al término de la primera vuelta cuando Rodrigo, Gameiro, y Santi Mina llevaban 2 goles cada uno nada más y Batshuayi 1?

Y cuando el equipo llevaba 11 empates y 4 derrotas de 19 partidos. Y cuando Marcelino estaba convencido que, si no ganaba al Valladolid en Mestalla, lo echarían.

¿Pero qué pasó? Que ante las dudas por los resultados hubo dos firmezas: la de Marcelino en no volverse loco y empezar a trastocarlo todo y la de Mateo Alemany en jugársela por su entrenador, por encima del delegado de Meriton en Valencia. Y Mestalla, que, en grupos de amigos, redes sociales etc, dudaría quien dudara de Marcelino y sentenciaría, quien sentenciara al entrenador (que ya había demostrado que no era un advenedizo). Pero Mestalla no cantó el estribillo fatídico del “Marcelino vete ya“ , cuando los resultados podrían haberlo justificado más que en otras ocasiones. También Mestalla ha madurado, a base de mirarse a si misma repasar el pasado y también porque la gente va cumpliendo años y va analizando las cosas de otra manera.

Y con todo ello amigos el destino ha decidido en el año del Centenario, que después de las espinas y de sangrar de agosto a enero, sin que la sangre llegara al rio, llegarían los dos objetivos: el necesario para la mejor sostenibilidad económica del club: jugar Champions la próxima temporada. Y la Copa del Rey: el premio para el pueblo, para aquellos que les faltará el dinero para otra cosa, pero no para ir a Sevilla a la Final o sacarse el pase en Julio.

El Valencia de la 2ª vuelta, el Valencia del calambrazo al contragolpe mortífero, y el Valencia bronco en defensa, dobló en rendimiento al de la primera, con los mismos hombres y las mismas armas.

En las celebraciones de Mestalla se comprobaron dos cosas claras: la primera que Parejo se ha hecho un líder dentro del vestuario, además de serlo en el campo hace ya mucho tiempo. Se ha convertido en un apoyo imprescindible para Marcelino en el césped y en el vestuario. Y clave fue que Marcelino diera la cara por él, en sus peores momentos. Parejo se lo ha devuelto con creces. Ahora parece fácil. En su momento no lo era, ni mucho menos.

La otra que se comprobó es lo que siempre decía Mateo Alemany en los momentos de duda: la plantilla está con el entrenador. Ayer se pudo ver claramente. Ser jefe de 25 jugadores no es nada fácil porque se toman decisiones cada día que afectan a unos o varios. El liderazgo conlleva mezclar la buena cara, con la exigencia a aquellos a los que diriges. Y eso es un equilibrio muy difícil.

El valencianismo es un masclet para todo. Asusta tanto como alegra, según en las circunstancias que explote. Sevilla era Valencia el sábado. La Torre del Oro, era una de las de Serranos. Los aficionados del Barca no se notaban ni se sentían. Los del Valencia estaban en cualquier rincón de Sevilla. Y en el Estadio era como si hubiese fuego hirviendo en un lado y agua templada en otro. Y es que cuando uno está acostumbrado a jamón york y te dan jabugo, lo disfrutas muchísimo más.

De la Copa del 79 a la del 99 pasaron 20 años. Luego llegó una época abundante y brillante entre el 99 y el 2004, la más brillante de la historia. En 5 años el club pegó un salto de crecimiento gigante. En esos 5 años fueron 6 títulos: 2 Ligas, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de España, 1 UEFA y 1 Supercopa de Europa, además de las 2 Finales de Champions. Y fue declarado mejor club del mundo. El Valencia CF era un grande de verdad. Se puede ser grande por nombre e historia y además por éxitos reales. Y en esa época el Valencia CF era un gigante real, sin pies de barro.

Después vinieron 15 años donde las luchas de poder de antaño pasaron a la lucha por comprar el club y de ahí las exageraciones, que de una manera u otra hicieron daño. Bautista Soler, Paco Roig, Amadeo Salvo, Peter Lim. En esos 4 postes de un hipotético cuadrilátero de nombres se jugó un partido de propiedad, más que de poder, que hizo que el club se tambaleara de verdad. El verano de 2009 fue el mas crítico con unos números rojos que daban pánico. Y por medio de esos 15 años (2004-2019) se quedó el club con un estadio a medio hacer, una copa del Rey ganada en 2008 en circunstancias de miedo por un descenso y la pérdida de la propiedad del club a manos asiáticas. Tampoco pasa nada por ello. Fueron valencianos los que llevaron al club al precipicio.

Y de esa Copa de 2008 a la del sábado en Sevilla, 11 largos años, donde lo más exitoso fueron los 3 terceros puestos seguidos con Unai, y las 3 cuartas plazas de Nuno y Marcelino (2). Y lo más feo los 12º puestos y las bromas pesadas de entrenadores de cuyos nombres no me quiero acordar.

Yo he aprendido mucho de estos últimos años y también muchísimo de esta temporada pasada. Tengo conclusiones muy claras que me ayudaran en el futuro inmediato. Le invito a que usted saque las suyas. En breve escribiré aquí las mías. Pero antes de eso, disfrutemos la Copa. Hemos esperado 11 años. Primero bailemos y después pensemos.

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