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Sábado, 25 de Enero de 2020

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'Colaborar frente al uso de plásticos'

Hace unos días observé con todo mi estupor unas imágenes en las que se podían observar las aguas del puerto sudafricano de Durban totalmente cubiertas por una capa de bolsas, vasos y botellas

Hace unos días observé con todo mi estupor unas imágenes en las que se podían observar las aguas del puerto sudafricano de Durban totalmente cubiertas por una capa de bolsas, vasos y botellas. Esta escombrera no es un hecho aislado, como tampoco lo es la ballena varada hace unos días en Filipinas con 40 kilos de plástico en el estómago.

Es el resultado de la contaminación que provocan en mares y océanos toneladas de plásticos. Residuos derivados del petróleo que tardan cientos de años en descomponerse y cuyas toxinas terminan en el interior de miles de especies marinas o afectando a las personas a través de la cadena alimentaria. Delfines, ballenas, tortugas, aves, mueren atrapadas entre sus restos.

Los científicos han alertado de la gigantesca isla de basura localizada en el Océano Pacífico. Esta gran masa de basura, de tres veces el tamaño de Francia, contiene cerca de 80.000 toneladas de plásticos, alertan los científicos. Pero estas islas de basura están también en el Índico y en el Atlántico y no nos olvidemos del Mediterráneo.

Cuando camino por la orilla de cualquier playa, no es raro encontrar numerosa basura que las corrientes han ido depositando sobre la arena o entre las rocas. Alguna vez he observado con detenimiento alguna etiqueta que, a pesar del mal estado que el tiempo y el mar han provocado sobre el plástico o la lata, me ha dado pistas de su origen. No es raro que procedan de los miles de barcos que navegan por el Estrecho o que fondean en la Bahía. Otras veces, ¡a saber de dónde vienen! Auténticos vertederos que también se muestran en veredas o senderos y en las ciudades.

Lo que está claro es que el plástico inunda cada rincón del planeta. Este material se usa de forma muy indiscriminada y nos acompaña en el día a día para casi todo. Asomémonos a un supermercado donde seguimos viendo montañas de bandejas de poliestireno llenas de tomates, manzanas, plátanos... para qué seguir. No hablemos de los productos de limpieza o perfumería... todo está enmarcado en plástico o derivados.

Al consumidor no se lo ponen fácil. Aunque existe la alternativa del reciclaje, habrá que preguntarse si realmente se gestionan o no correctamente los residuos. Eso es otro capítulo. El ritmo de vida es veloz y cada vez tenemos menos tiempo para comprar o cocinar, pero es urgente salvar el planeta, aunque haya gente que no quiere ver la realidad, por comodidad o por intereses económicos.

¿Tan difícil es? Habría que pararse a pensar cuantos kilos de envases de plástico o latas tiramos a la basura. Se podría evitar utilizando menos envases o siendo estos biodegradables. En los mercados, las bolsas de plástico están a la orden del día. No estaría nada mal que aquí se comenzaran a cobrar como ocurre en los supermercados. Se verían más carritos, más cestas o bolsas de tela. Pensemos en el planeta que queremos dejar a nuestros hijos y nietos.

Con todo, gran tirón de orejas a los políticos y administraciones, que deberían hacer algo más al respecto. Es urgente, aunque parece que políticamente no es tan importante. Así, el próximo 8 de junio celebraremos el Día Mundial de los Océanos.

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