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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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Me estás dejando en visto

Se había sentado cómoda, como con mucho tiempo por delante, y me hablaba de temas que yo no tenía la menor intención de escuchar. Hablaba y hablaba y yo ya había desconectado hacía un rato y estaba haciendo otras cosas, tal vez atendiendo el correo o redactando algún informe. Ella se dio cuenta y entonces lo dijo: “me estás dejando en visto”.

 

No me enteré de qué es lo que quería decir. Le pregunté qué era eso de “dejarla en visto” y, mientras preguntaba, comprendí que se trata de eso que hacemos cuando vemos un mensaje de Whatsapp y no comentamos nada. Lo “dejamos en visto”. ¡No me digas que no te encanta la expresión! ¿Has pensado en todas esas cosas que voluntaria o involuntariamente “dejamos en visto” a lo largo del día? “Dejas en visto” el sol haciéndose un hueco por entre las nubes, la mirada sorprendida de tu hija, el cartel que anuncia el concierto del año, la caja de puros vacía de monedas al pie del mendigo de la esquina. “Dejamos en visto” todo lo que no nos cabe en el reglón parpadeante de nuestro día. Vemos el mundo que no es nuestro y enfocamos solo el trocito que nos incumbe y, de ese mínimo espacio que consideramos propio, contestamos solamente los mensajes que nos importan o nos interesan o nos obligan y “dejamos en visto” todo lo otro, aunque sea de lo nuestro, porque no nos cabe en el morral de la realidad.

 

Y tengo la impresión de que el vértigo de los días nos lleva a poner el “visto” y seguir tirando. Hablo por mí. Mira que lo intento, pero me cuesta resentirme en las cosas, frenar el segundero ese que ya no existe, intervenir en mis asuntos con el detenimiento de quien goza de estar vivo. Me cuesta, te digo, porque me siento un zombi interactuante a la velocidad a la que vuelan los datos y me aborda la necesidad de refrenarme, de volver a lo lento de la trilla, al agua en el reguero. No lo digo en serio. No digo que crea en la necesidad de una vuelta atrás tecnológica al estilo amish, porque me parece estupendo todo lo que ha aportado la tecnología. Es solo que esa perfección de herbicidas, por ejemplo, ha circunscrito las amapolas a las lindes y a las fincas que no se han llegado a fumigar. Cuadros de puñetazo rojo en la carretera entre el verde ribeteado de los campos bien tratados. Este año, la miseria del cereal será la misma, pero ya solo tenemos amapolas en el abandono. Ayer oí decir de prótesis de cadera que podrían causar efectos indeseables porque desprenden no se qué metales. El bien y el mal rayando siempre en las dos caras de la misma moneda. Lo “dejaremos en visto”.

 

Como el culebrón de la Alcaldía de León, que ya lo tenemos en visto hace días. Como la ciclogénesis, como la belleza de una sonrisa, como este mensaje.

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