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Sábado, 14 de Diciembre de 2019

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La llegada de ciudadanos de Colombia y Venezuela cambia el perfil de la migración

"Una persona en situación irregular no es nadie", constatan en la Red Íncola

Félix Revilla, Christina Tsompanidou, Ivan Ladino y Eduardo Menchaca durante la presentación de la memoria de la Red Íncola /

"Una persona en situación irregular no es nadie", afirma Félix Revilla cuando relata cómo el  desamparo acompaña a sus vidas durante tres años, al menos, si tienen la suerte de encontrar al tercer año de estar en España  un contrato a jornada completa.

Esta circunstancia forma parte de la realidad de la migración,  que incluye cambios  significativos reflejados en el informe de la Red Íncola . Por tanto, las personas sin papeles se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad: sólo tienen tarjeta sanitaria, pero ni siquiera pueden acceder a un curso de formación.  

El presidente de la ONG sostiene que los gobernantes no tienen voluntad de resolver ninguno de los problemas. Y desgrana una reflexión que contempla la solución idónea y también  las medidas erráticas: "Ni las vallas, las concertinas, los papeles, las mafias, la acogida, la inserción...No creemos en las fronteras como barreras entre pueblos y personas, ni creemos en los privilegios que crea el nacer en uno u otro lugar, que uno no ha elegido; creemos en la libre circulación de las personas y sobre todo en la fraternidad universal". 

El fenómeno de la migración está registrando cambios en el conjunto del país y también en Valladolid. Los lugares de procedencia fundamentalmente son Venezuela, Colombia y otros países de Centroamérica donde la situación económica es angustiosa y la conflictividad social muy alta. Y siguen existiendo barreras muy difíciles de superar en tres ámbitos: empleo, vivienda y educación.

Eduardo Menchaca, coordinador de la Red Íncola, explica uno de los problemas con los que se encuentran las personas que vienen a España para refugiarse: son tratados como transeúntes, a pesar de que precisan de una atención muy específica, diferente a las familias sin hogar. No hay que olvidar que huyen de sus países origen porque pueden estar amenazados.

Ni siquiera la actividad laboral garantiza la inserción de los extranjeros en nuestra sociedad. El 14% de las personas que encuentran un empleo están en estado de exclusión social, lo que revela la precariedad de ese puesto de trabajo, que ni siquiera garantiza la integración.

Ivan Ladino, de 36 años, es un colombiano que  tienen dificultades para encontrar una vivienda en régimen de alquiler. A pesar de su formación académica  y sus ingresos, este publicista se ha topado con los prejuicios de los propietarios, reacios a arrendar  un piso porque vinculan este colectivo con el narcotráfico. "Aprovechan tu situación de debilidad", se lamenta Iván. 

El programa de alojamientos es uno de los servicios que presta la Red Íncola, una organización no gubernamental confesional que integra a 8 entidades, como los Jesuitas, y que afronta como un reto la justicia social, con el acento en las personas que llegan de otros países por motivos muy diversos. El voluntariado es otra de las banderas fundamentales para avanzar en la integración.  

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