La llamada
Hoy por Hoy Soria

Cadena SER

Soria
Lo que no podía imaginarse Saturnino de Gregorio, diputado provincial de Ciudadanos, es que la llamada que recibió a las 18.55 horas de ayer iba a proceder de la cúpula de su partido en Madrid y que llevaba implícito el mensaje de echar por tierra el acuerdo al que habían llegado con los socialistas en la Diputación dando un giro brutal a las negociaciones y encontrar así un pacto con el Partido Popular y la PPSO, que vio como en cuestión de minutos pasaba de su ostracismo en este desenlace electoral a una vicepresidencia para José Antonio De Miguel y otra serie de concesiones en diversas comisiones.
Los estrategas socialistas no advirtieron que las pocas opciones de perder el gobierno de la Diputación, al que no accedían con mayoría absoluta por sólo 30 votos podía venir del lado naranja y no por la PPSO, con la que Luis Rey no se llegó ni a sentar para negociar un posible pacto de gobierno. Grave error si fue así, aunque desde las filas socialistas aseguran que el PP y la PPSO ya negociaban hace unos días desde Madrid y el partido de José Antonio De Miguel nunca quiso sentarse con el PSOE. La vía ya estaba abierta. La salida del Partido Popular de la poltrona de Castilla y León después de 32 años era un hecho hasta que Albert Rivera puso las vísceras sobre la mesa y su ira antisanchista le hizo ordenar a sus huestes, que de negociar con los socialistas, nada de nada.
Pero, la cosa no queda aquí porque también se habla de un golpe de estado entre los populares auspiciado por un sector del partido cercano a Pablo Casado y con la complicidad de la PPSO, que buscaría un retorno a medio plazo de los disidentes que en su día abandonaron este partido.
Es muy triste que el destino de una provincia lo decidan desde Madrid exclusivamente por intereses de un determinado partido, sin mirar más allá y sin tener en cuenta las opiniones de sus dirigentes provinciales, pero es lo que tiene esta ley electoral que debería haberse reformado hace muchos años. Son las miserias de la política. El lado oscuro de este entramado electoral en el que todo se vende y se compra en función del paso que marquen desde las alturas y al margen de la voluntad y las necesidades de las personas.




