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Lunes, 22 de Julio de 2019

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El Orfebre (Editorial Planeta), de Ramón Campos

El guionista noiés, autor de éxitos como Velvet o Fariña, debuta con una novela de aventuras y amor que nos invita a viajar por todo el planeta a finales del siglo XIX

El orfebre, Ramón Campos /

El orfebre. Viajó hasta el fin del mundo para tallar el destino con sus manos”

                      Con el encargo de encontrar y comprar el diamante más grande del mundo comienza el viaje iniciático del joven protagonista de El orfebre. Es la pulsión de un adolescente enamorado que se enfrenta a una época despiadada, la segunda mitad del siglo XIX, que supuso un cambio radical en la producción de diamantes. Hasta ese momento era un comercio controlado por los judíos pero el descubrimiento de la mina Kimberley lo cambiaría todo, provocando una auténtica fiebre de los diamantes que llevaría a miles de hombres a buscar fortuna a Sudáfrica.

Una novela digna de la mejor tradición del género de aventuras, que recuerda por su lírica y dinamismo a clásicos como Verne, Baricco o Gordon. Por el preciosismo con el que describe los diamantes y su talla podría recordar “El perfume” de Patrick Süskind.

RAMÓN CAMPOS nació en Noia en 1975, es guionista de cine y televisión, responsable de series como Desparecida, Gran Hotel, Velvet, Instinto, 45 Revoluciones, Alta Mar o la multipremiada Fariña.

Así comienza El Orfebre:

Sudáfrica, 1866 Acababa de amanecer en el desierto de Karoo cuando el joven y pelirrojo pastor Erasmus Stephanus Jacobs salió de la casa de adobe y paja que compartía con su familia para llevar, como cada día, el rebaño caprino desde el establo hasta las orillas del río Orange. Tenía quince años. Mientras las cabras se acercaban al agua, empujándose unas a otras para saciar la sed de la noche, él se puso a jugar con los cantos rodados que la corriente arrastraba incansablemente cada día. El vaivén de las piedras chocando entre sí a lo largo de los más de dos mil kilómetros de longitud del río convertía sus cortantes aristas en suaves bordes. Las había de todos los colores, pero hasta aquella mañana Erasmus no había visto ninguna como esa. Su color blanco sobresaliendo entre el resto llamaba la atención como un bóer en medio de los trabajadores negros.”

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