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Lunes, 19 de Agosto de 2019

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"Iré con mis hijos al hostal, aunque tendremos que volver bajo el puente"

Las familias desalojadas de la abandonada nave de 'Calmante Vitaminado' buscan una solución habitacional asequible

Familias desalojadas de la nave de Calmante Vitaminado, viviendo bajo un puente cercano al barrio del Naranjo (Córdoba) /

Las familias de origen rumano expulsadas de la nave de Calmante Vitaminado habían rechazado la solución provisional que ofrecía el Ayuntamiento: un alojamiento durante 5 días para los menores en las que solo un adulto podría acompañarles. Daniela, madre de una de las familias, aceptará ante la presión de que asuntos sociales le quite a sus hijos.

Ahora viven bajo un puente inacabado de la Ronda Norte cercano al barrio del Naranjo en unas condiciones de insalubridad total. La delegada de Servicios Sociales del Ayuntamiento, Eva Timoteo, recuerda que "era nuestra obligación dar aviso a la fiscalía de que había menores viviendo en estas condiciones".

No obstante, la solución que ofrece el consistorio es solo provisional. Timoteo explica que "la casa de acogida municipal está saturada y no es un espacio adecuado para los menores y los recursos de la ciudad son limitados para dar respuesta a este tipo de casos". Por ello, pese a que Daniela y sus dos hijos pasarán cuatro días en un hostal, "si no encontramos otra alternativa, tendremos que volver aquí, bajo el puente".

Son tres familias que llegaron a España hace más de diez años. "Tenemos todos los papeles en regla", puntualiza Daniela. Les acompaña Pepe Ginés, de 72 años. Es natural de Córdoba y un divorcio lo aparto de "su estatus anterior". Asegura tener dos hijos en el Cuerpo Nacional de Policía que, lamenta, "no quieren saber nada de mí".

Asentamiento improvisado bajo el puente. Pueden dormir gracias a la donación de cuatro tiendas de campaña. / Cadena SER

Durante tres años, Pepe y las tres familias de inmigrantes se dedicaron a adecentar el espacio que habían okupado. Ahora denuncian que tras el desalojo no pudieron recoger la totalidad de sus pertenencias. Entre lágrimas, piden encontrar "un alquiler barato que pueda acomodarse a las necesidades de almacenamiento de chatarra que tienen". Estarían dispuestos a pagarlo con las ganancias que obtienen de la venta y con la pensión de este electricista retirado al que acogieron las familias rumanas. "Ese era mi oficio, aunque he trabajado de todo", reconoce apelando a la solidaridad de los cordobeses y agradeciendo "el apoyo de muchos ciudadanos anónimos que se acercan aquí para traer comida y ropa".

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