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Miércoles, 11 de Diciembre de 2019

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Una investigación del Santos Reyes con impacto internacional

Un equipo médico del hospital arandino demuestra la eficacia de medir la troponina en la sangre para predecir accidentes cardiovasculares en pacientes en riesgo pero sin otros síntomas

Todo parte de una pregunta sin respuesta. Así fue el inicio de la investigación de un equipo médico interdisciplinar del Hospital Santos Reyes de Aranda que va a permitir evaluar y personalizar mejor los tratamientos de pacientes con riesgo cardiovascular. La investigación ha despertado el interés de una publicación del prestigio internacional de The American Journal Of Medicine, una de las revistas científicas con mayor repercusión mundial, que ha publicado el estudio en su edición en papel hace apenas unas semanas, después de haberlo difundido a finales del pasado año a través de su plataforma on line. El estudio explica la importancia de detectar y evaluar la presencia de una proteína denominada troponina T ultrasensible en la sangre para valorar el pronóstico de pacientes con riesgo cardiovascular que no presentan síntomas de estar sufriendo estas patologías. Está firmado por los cardiólogos Diego Martín Raymondi y Héctor García (este último ejerce ahora en Valladolid), Isabel Álvarez, doctora del servicio de Urgencias, el doctor Luis Hernández, del servicio de Medicina Interna y Vicente Villamandos, quien fuera hasta hace unos meses jefe del servicio de Análisis Clínicos del hospital arandino. También ha participado en este estudio el Dtr Jorge Palazuelos, en este caso desde Madrid.

Durante cuatro años el empeño común de este equipo fue comprobar, si la presencia de la mencionada proteína tiene algún valor para efectuar pronósticos y no solo diagnósticos, como ocurre hasta ahora en la práctica médica habitual. Las células del corazón que mueren como consecuencia de un accidente cardiovascular liberan tropina T ultrasensible, por lo que, si un paciente que acude a los servicios médicos refiriendo síntomas de infarto, la presencia en sangre de esta proteína sirve para corroborar el diagnóstico.

Pero ¿qué significan niveles elevados de esta proteína en personas que no están sufriendo ningún episodio de estas características? ¿Existe diferencia en el pronóstico de un paciente con elevadas cantidades en sangre de esta proteína, sin más indicador de riesgo, y otro en circunstancias similares pero sin esa alta presencia de la troponina en su torrente sanguíneo?

El estudio para contestar a estas preguntas se desarrolló entre 2013 y 2017 con la colaboración de otros profesionales médicos y de enfermería tanto del hospital como de Atención Primaria de Aranda que ayudaron a reclutar alrededor de 650 pacientes que se ajustaban a los criterios que necesitaba la investigación: con riesgo cardiovascular pero asintomáticos, sin signos de peligro inminente de sufrir un accidente relacionado con estas patologías. Del seguimiento de estos casos los investigadores pudieron concluir que, efectivamente, la troponina tiene un importante valor pronóstico: los datos recogidos durante estos años demuestran que los pacientes que presentaban cantidades elevadas de troponina T ultrasensible en sangre pese a no tener más síntomas, tenían una posibilidad cinco veces mayor de fallecer por cualquier causa y presentaron una mayor mortalidad por un accidente o patología cadiovascular que aquellos en su misma situación pero con niveles normales de la mencionada proteína. Más aún: el estudio reveló que ninguno de los pacientes con niveles normales de troponina falleció por una patología coronaria o del sistema vascular. La conclusión, por lo tanto, es que, en ausencia de otros síntomas y sin que exista un accidente cardiovascular grave, la troponina T ultrasensible indica que un paciente sufre estrés cardiaco: las células de su corazón no están muertas, pero están sufriendo.

El estudio, por tanto tiene una clara aplicación práctica al proporcionar al médico una nueva herramienta para evaluar la eficacia del tratamiento que prescribe a su paciente: será más adecuado cuanto mejor consiga disminuir los niveles de troponina t ultrasensible. De esta manera un simple análisis de sangre podrá indicarle al facultativo si la terapia funciona o necesita ajustarse más a las características de cada caso.

Por eso la segunda parte de este estudio en la que ya se trabaja tiene como objetivo detectar cuáles son los tratamientos o acciones terapeúticas que consiguen una mayor disminución de troponina T.

La difusión de este estudio por parte de la prestigiosa The American Journal of Medicine ha permitido que sus conclusiones ya hayan sido citadas como referencia por otros investigadores en sus propio estudios. Los autores del hospital ribereño han sido requeridos también para compartir sus conclusiones en varios congresos y encuentros científicos y para desarrollarlas en nuevas publicaciones.

Se trata, por lo tanto, de un ejemplo claro de que también se investiga con rigor y pasión en hospitales de pequeño tamaño y carácter comarcal como el arandino, donde el esfuerzo y el entusiasmo suplen las carencias con las que se encuentran los facultativos. No se trata tanto de la falta de medios como de tiempo. La sobrecarga asistencial no deja margen en el horario laboral para los trabajos de investigación, que los autores consiguen realizar escamoteando horas al sueño, a la familia o a las aficiones personales.

Pero los pequeños hospitales como el comarcal de Aranda también ofrecen ventajas en esta tarea. Los investigadores se encuentran con pacientes mejor predispuestos para colaborar con su médico, con el que la confianza es más estrecha ya que el trato es más cotidiano y habitual. El menor tamaño del hospital propicia también que el nivel de colaboración entre los facultativos sea mucho más estrecho, con discusiones médicas más provechosas, habituales y fructíferas.

Al igual que la troponina protagonista de este estudio se ha convertido en centinela para algunos pacientes, investigaciones como esta y su impacto internacional son vigías que ponen también de manifiesto la calidad y talento que tenemos tan cerca. Quienes han conseguido este éxito en la investigación son los mismos médicos que nos encontramos en las consultas del hospital o en urgencias o que nos tratan cuando estamos ingresados. La misma calidad, el mismo talento, sin tener que buscarlo fuera, en hospitales más grandes.

Este estudio demuestra que pese a las dificultades por las que ha atravesado (y atravesará) el hospital arandino, la fortaleza del Santos Reyes descansa en la profesionalidad y compromiso de sus profesionales, que merece la pena apreciar para poder defender sin caer en el derrotismo.

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