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Jueves, 19 de Septiembre de 2019

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El oscuro paisaje de Beneixama

La posibilidad de que el incendio haya sido provocado por el hombre lleva a pensar en la psicología del pirómano

Quizás -siendo un pelín exagerados en la descripción- para los que vivimos en las ciudades y la mayor masa forestal de la que disfrutamos es el Palmeral de San Gabriel o que no sabemos si las patatas crecen en la tierra o cuelgan de las hermosas ramas de los árboles; o si los pollos ya no tiene plumas, con lo peladitos que vienen envueltos en el celofán de las bandejas del supermercado...

Hablar de las 900 hectáreas quemadas en la sierra de La Solana, del apocalíptico paisaje que deja el fuego, nos puede llegar más o menos, pero no sé si lo sentimos como deberíamos. Como los habitantes de Beneixama, que viven en plena naturaleza, y que van a vivir con ese negro escenario de fondo durante años y años.

Ahora bien, lo que no llegamos a comprender, y me refiero a esta subespecie de homo sapiens urbanita, handicapado en lo ambiental, entre los que me encuentro, es como alguien puede ir al monte y quemarlo de forma intencionada. Donde encuentra su erótica enfermiza el pirómano y por qué es tan habitual que tras los incendios forestales se encuentre la mano del hombre.

Y por cierto, para los que no sabemos lo que es un rábano y por tanto, desconocemos por donde se cogen, con esto no quiero decir que el de Beneixama haya sido un incendio intencionado.

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