No meta a sus amigos en política
Nunca he conocido a una persona que no cambie radicalmente al acceder a un cargo

"La línea roja" de Matías Vallés (30/07/19)
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Palma
Por extraño que parezca, hay personas a las que no solo les gusta la política, sino que tienen a altos cargos como amigos.
O los tenían, porque el ser humano vulgar se siente divinizado en cuanto alcanza un despacho público, así que se avergüenza y distancia de su entorno.
Ahora que se acaba de nombrar a un millar de nuevos altos cargos en Balears, el comentario tópico se centra en el absurdo de que unas elecciones autonómicas decidan el jefe de Nefrología de un hospital.
Sin embargo, es mucho más grave la metamorfosis que se opera en los nuevos investidos.
Nunca he conocido a una persona que no cambie radicalmente al acceder a un cargo, y hablo en sentido amplio, sea una dignidad política o de la cacareada sociedad civil.
No voy a decir que el designado se convierta automáticamente en un imbécil, pero solo porque en este comentario nunca empleamos la palabra imbécil.
Todo alto cargo cree que se lo merece, pese a la aplastante opinión en contra, por lo que considera que sus antaño próximos no están a su altura.
Por tanto, no meta a sus amigos en política, salvo que quiera perderlos.




