Martes, 29 de Septiembre de 2020

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Milagros

Milagros y sucesos inexplicables en la historia de Cuenca

Apariciones marianas, curaciones por la intercesión de los santos, mensajes en sueños, hechos difíciles de explicar. Cuenca no es ajena a los milagros

'La pesca milagrosa'. Cartón pintado los Rafael en el Renacimiento Italiano.

'La pesca milagrosa'. Cartón pintado los Rafael en el Renacimiento Italiano. / Wikipedia

En el programa Misterios Conquenses que coordinan Sheila Gutiérrez y Miguel Linares, y que emitimos los martes en Hoy por Hoy Cuenca, hablamos esta semana de los milagros, de esos sucesos inexplicables que nos ayudan a creer que lo imposible existe, hechos donde la ciencia y la medicina ya no tienen cabida. Apariciones, curaciones e incluso resurrecciones son el resultado de estas experiencias o fenómenos sobrenaturales, los milagros. Libros, legajos y testimonios nos narran el cómo y quién los realizó, casos donde lo divino, religioso y extraordinario se mezclan para ofrecernos situaciones increíbles. Encontramos sucesos que han hecho de Cuenca una ciudad donde en diversas ocasiones y épocas hemos sido elegidos para que se obraran estos actos. Milagros como los obrados por San Julián o San Nicolás, donde su objetivo en vida y tras su muerte era la de ayudar a los demás.

'Misterios Conquenses' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Si buscamos la palabra milagro en el diccionario la definición que nos encontramos es bastante escueta: Evento atribuido a la intervención divina. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. Un concepto que por casi por inercia lo ligamos a un hecho al que no encontramos la lógica, al que no podemos ser objetivos ni poder racionalizarlo.

Aunque también nos indican que un milagro podría englobar un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa en la que no están implicadas las fuerzas divinas.

Tendemos a creer que estos hechos están relacionados con el cristianismo, pero no es del todo correcto. Podemos ligarlo a la religión, pero no atribuírsela solamente a una, es mucho más acertado extender este término y creencia como por ejemplo a la religión budista donde nos encontramos que su aceptación como tal comenzó a raíz de que se obró algo inexplicable. En tiempos lejanos el budismo había sido presentado como religión a lo que la corte se oponía y tras un milagro que ya había sido profetizado.

Cartel de la película 'Los jueves, milagro' dirigida por Luis García Berlanga en 1957. / Ariel P.C. Domiziana Internazionale Cinematografica

Tras la muerte del Gran Secretario del rey la tierra se sacudió, el sol se oscureció, llovían bellas flores y su cabeza amputada voló a las sagradas montañas Geumgang y se roció leche en vez de sangre treinta metros sobre su cadáver decapitado. En ese momento los opositores aceptaron el augurio como una manifestación de la aprobación del Cielo y ese día el budismo se convirtió en religión oficial.

Pero no sólo en el Budismo existe el concepto de milagro. En el Islam se nombran y detallan numerosos episodios donde aparece lo inexplicable y lo milagroso atribuidos a Mahoma. Su mayor milagro se lo atribuyen a la redacción del Corán.

Podemos encontrar muchos de estos hechos no sólo dentro de sus páginas, sino también los hadiz que son dichos y las acciones del profeta relatadas por sus compañeros y compiladas por sabios, donde se recogen hechos y sucesos de difícil explicación.

Casi todos los milagros desempeñan una función muy importante a la hora de venerar reliquias o imágenes. Además todos los testimonios y legajos que nos dan información sobre estos hechos siempre van acompañados de rayos de luz, niebla inexplicable, apariciones y como algunos tacharían de fenómenos paranormales, que como ya sabes a nosotros nos gusta llamarlos fenómenos anómalos.

Sin olvidarnos que sobre todo en la religión cristiana casi siempre van ligados a hechos donde existe una curación de forma repentina cuando la medicina ya no tenía nada que hacer o el abastecimiento en épocas de sequías y hambrunas. Sin olvidarnos de alguna que otra resurrección.

El físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico Stephen Hawking decía: "No hay ningún Dios, los milagros no son compatibles con la ciencia".

Pero primero tendríamos que preguntarnos qué significa el término milagro para los científicos. Para un científico, un milagro podría ser algo cuya explicación aún no se conoce, e incluso, aunque se conociera. Pero no se hubiera hecho a fondo, ni poder ser comprobado por diferentes estudios, en resumen algo que sigue produciendo asombro, sin determinar ni comprobar.

El primer problema con el que se encuentran a la hora de estudiar los milagros es la incapacidad de poder imitarlos dentro de un laboratorio, con unas pautas de control, donde factores externos que pudieran influir en los resultados no existan.

Y es casi una misión fallida ya que casi todos los milagros ocurren en exteriores, los testimonios en muchos de los casos pertenecen a hechos ocurridos hace muchísimos años en los que es imposible recabar más datos. Las religiones juegan un papel fundamental, que nos hace decantarnos hacia una serie de fenómenos o hechos los cuales tratamos de sobrenaturales. Y lo hacemos por creencias religiosas o personales o por falta de conocimiento sobre la naturaleza del suceso.

Podríamos resumir que un milagro es un hecho que se encuentra fuera del alcance del método científico

Milagros en Cuenca

Cuando uno recorre las callejuelas y rincones de la ciudad de Cuenca, se da cuenta de que lo extraordinario aparece a cada paso. Comenzando por el significado de su escudo, o cómo la Virgen de la Luz ayudó a Alfonso VIII en la conquista de la cuidad. En un sueño la Virgen le mandó encontrar una talla suya esculpida en la roca, esa imagen se encontraba en una oquedad de la hoz del río Júcar, y así lo hizo. La ayuda divina en su misión, y sobre todo en su victoria, le hizo recapacitar y mandó construir una ermita en su honor momento en la que se la proclamó patrona de Cuenca.

Algunos tachan esta aparición como mariana, que fue un milagro ya que las cosas no pintaban demasiado bien y que si no hubiera sido por la intervención y obra celestial nuestro destino hubiera bien distinto.

De una curiosa historia nos vamos a otra. Y de la patrona de Cuenca nos vamos al patrón de Cuenca, San Julián. Desde su nacimiento se supo que su misión en esta vida sería muy importante. Cuentan que el día de su bautismo unos ángeles anunciaron que era un niño especial y que se llamaría Julián. Fue nombrado Obispo de Cuenca y siempre se preocupó por los más necesitados.

No sólo obró milagros una vez fallecido, sino que también se atribuyen algunos estando en vida. Precisamente son los que más me llaman la atención, como el que obró en una época en que la miseria y hambruna reinaban en los campos de Cuenca y pueblos de alrededor arrasados por el califa de Córdoba. Al enterarse de esta situación San Julián, según nos cuentan, de forma milagrosa hizo que todos los sacos de trigo vacío aparecieran rebosando, y en su viaje de vuelta carros llenos llegaron a la puerta de la casa episcopal, avisando de su llegada y dando el aviso de que la hambruna había terminado.

Pero también es importante conocer acontecimientos que nos acercan a estos milagros y sobre todo esas señales que nos indicaban que era alguien muy especial, el elegido. Narran que el día de su muerte la Virgen bajó en agradecimiento por haber dedicado su vida a ayudar a los demás, a predicar la palabra de Dios y llevar una vida pura. La Virgen portaba un ramo de palma verde y una corona de rosas que puso en cabeza. En el momento justo de su fallecimiento ya podemos empezar a enumerar algunos de sus milagros póstumos, ya que en el instante que dejó de respirar de su boca brotó un ramo de palma blanca, momento en el que ascendió a los cielos.

Cuenta la leyenda que la hija del Rey de Aragón Jaime I, desde su nacimiento siempre había estado delicada de salud. Una noche mientras dormía plácidamente San Julián se le apareció en sueños y le reveló que para curar su enfermedad tenía que viajar a Cuenca y encontrar en la Catedral una cesta de mimbre que contenía la solución sanadora de todo mal. Desesperada, realizó ese viaje, a su regreso y desde entonces tuvo una salud de hierro. Se casó con el rey Federico II de Sicilia y juntos colaboraron en las obras de amplificación de la Catedral de Cuenca, lo que no sabemos es si fue con el objetivo de agradecer su curación encontrar el ansiado y verdadero Grial.

Curaciones milagrosas

Cuando hablamos de milagros médicos estamos narrando casos en los que existen curaciones inexplicables, en los que incluso la medicina no tiene una explicación a la desaparición de aquella enfermedad mortal o dolencia muy grave. Podemos encontrar un ejemplo dentro de las historias y milagros por parte de San Nicolás, santo al que Cuenca le tiene gran devoción. Muchos han sido los casos en los que madre y familias enteras se han encomendado a este santo para la curación de enfermedades. Sobre todo a principios de siglo XX cuando la comida escaseaba, los inviernos eran duros y las enfermedades víricas hacían que la mortalidad creciera de una forma alarmante. Los que sobrevivían a menudo quedaban ciegos, estériles, y con profundas cicatrices, o marcas de viruela, en la piel. Por estos motivos un reguero constante de gente con fe en aquel santo rezaba y pedían por los suyos.

Tras su larga lista de sucesos inexplicables nos encontramos con uno que encajaría con una curación milagrosa. Los lamentos y peticiones de una madre encomendándose a San Nicolás tenían un porqué. A su joven hijo que era labrador, unos bandidos le habían pegado tal paliza, que le dejaron paralítico, los médicos le aseguraron que jamás volvería andar. Aquella mujer llena de fe fue durante tres lunes seguidos a misa en la iglesia del Santo en Cuenca y el trayecto de ida y vuelta siempre lo hizo en silencio a modo de agradecimiento y gratitud. Aquellas peticiones fueron escuchadas y tras unas semanas el Santo obró un milagro, el joven labrador pudo volver a andar.

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