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Martes, 17 de Septiembre de 2019

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Un asunto capital

Un niño estaba jugando con la arena. Se le acercó intrigado otro muchacho de la misma edad. ¿Qué haces?, le preguntó. Un campo de fútbol, dijo. Y se pusieron a trabajar sin decirse ni una palabra más hasta que el campo de fútbol estuvo terminado. Lo miraron satisfechos y cada uno se fue por su lado, sin saber el nombre el uno del otro, sin preguntarse por la raza o la religión o la tendencia política. Sin tan siquiera saber si el campo era del Betis o del Sevilla, del Madrid o del Barcelona. Sin la necesidad de hacerse fotos con el móvil para el Instagram, sin más ni más: una colaboración eficaz para disfrutar de una obra bien hecha.

Lo sé, después algún otro niño disfrutaría al pisotear las gradas o algún caminante playero metería el pie en el círculo central desdibujando las áreaso, con mucha, mucha suerte, la marea devoraría la construcción sin dejar de ella el menor rastro. No importa. Eso a ninguno de los dos muchachos les importó en absoluto, porque todavía, por su edad, por su buena intención, por su pureza, tienen la mirada puesta en lo que pasa y no en las consecuencias. Construyen por el gusto de hacer algo y lo hacen en común sin preguntarse nada, porque todavía no les importa en absoluto el resultado, ni la permanencia, ni el juicio de los otros. No era una réplica de ningún campo conocido. De hecho, si no fuera por el dibujo de las líneas del terreno de juego, hacía falta la imaginación de un niño para saber que aquello era un campo de fútbol. Pero tenías que ver de qué modo lo construyeron, sin decirse una palabra, sin hacerse ni un reproche, con la diligencia de quien resuelve un asunto capital.

Me cuesta venirme al runrún del día a día. Me gustaría poder seguir abandonado a esa vida de calma y bienestar en la que hasta el asunto más capital del momento se resuelve sin mirar las consecuencias, sin que a nadie le afecte nada, sin que nadie pida explicaciones, sin que nadie mida, pese, calcule un porcentaje de beneficio, sin que nadie pretenda ninguna difusión, un acto puro de creación, un asunto capital, ya te digo.

Castillos de arena, castillos en el aire, castillos con cimientos de barro. Castillos que construyen Castilla, esa cuestión capital, que ha dado colorido a los noticieros de la semana. Un León sin Androcles, que anda todavía con la espina en una pata, cuestión capital, esperando a ese esclavo que se la arranque para no tenerlo que devorar cuando se lo vuelva a encontrar en la arena del circo. Me encanta de esa fábula la memoria de la fiera y me gusta, una vez más, el acto desinteresado de Androcles que encuentra su premio sin buscarlo.

Cada vez creo más en eso, en construir en la arena por el gusto de hacer algo con alguien, sin ningún interés, sin ningún deseo de permanencia. Me parece que es verdad que hasta el asunto más capital se convierte en anécdota con la suficiente perspectiva.

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