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Lunes, 16 de Septiembre de 2019

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El propietario botarate

Lim se carga a Marcelino y dinamita la posición de Mateu Alemany, con los que la plantilla tenía un vinculo emocional enorme

Persona alborotada y de poco juicio. Derrochadora, manirrota. Así define el diccionario de la RAE el adjetivo botarate. Junto a estas líneas de la obra de consulta solo falta la foto de carnet de Peter Lim. Es imposible hacer las cosas peor. Ni el enemigo más hostil y peligroso hubiera guionizado una crisis tan letal para el Valencia, envuelto -de nuevo- en un terremoto institucional de consecuencias impredecibles. 

Sin explicar los motivos reales, insinuando (en boca del presidente, Anil Murthy, un simple correveidile) argumentos pueriles, el propietario se carga a Marcelino García Toral tres días antes del partido contra el Barça. Es el último de nuestros problemas pero, puestos a despedir al entrenador en un parón liguero, mucho mejor al principio que al final. Pero ni para eso emplean las neuronas los jerifaltes de Meriton.

Celades no va a tener tiempo de meterse en la cabeza de unos jugadores que, si pudieran, se bajarían del barco hoy mismo. Esa es la puñetera verdad que probablemente la propaganda del club desmentirá a correprisas. Los capitanes ya quisieron viajar a Singapur hace unas semanas y este mediodía no ocultaban su desolación por la salida del entrenador asturiano. Crean lo que escribo. Muchos futbolistas tratarán de largarse entre los mercados de enero y verano. Otra cosa es que puedan. 

Que no se me pase. El comunicado con el que la entidad ha oficializado la medida merece comentario al margen. Vergonzoso, cobarde, zafio. No es de recibo que una institución centenaria, que debería representar el fervor y la fidelidad de cientos de miles de aficionados, despache al técnico que ha conseguido una Copa del Rey y dos clasificaciones para Champions League con las mismas líneas que despidió a Abdennour el día que se fue a Turquía con la carta de libertad. El Valencia es mucho más grande. O debería serlo. 

Mateu ha tensado la cuerda en sala de prensa. Es cierto. Marcelino García Toral fue incluso más allá en diferentes comparecencias denunciando -con educación- el cambio en el statu quo después de la gloriosa noche del 25 de mayo en el Villamarín. Cierto también. Pero esas quejas públicas responden a un viraje injustificable del señor Lim. Nadie en València ni en el Valencia es capaz de explicarlo. Ni siquiera el puñado de embajadores apesebrados que tiene por aquí a (muy buen) sueldo. 

Con sus errores -muy inferiores en número a los aciertos- el club que muchos llevamos en el corazón desde niños tenía una hoja de ruta estable y ambiciosa, un proyecto sólido personificado en la figura de Mateu Alemany. Todo eso está ahora mismo hecho añicos por obra y capricho del dueño. 

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