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Domingo, 13 de Octubre de 2019

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Cuatro años con dos puentes

La mayoría de vehículos entra en Cádiz ya por la nueva infraestructura, por la que velan cada día 26 personas

Panorámica de la ciudad de Cádiz desde una de las torres del segundo puente sobre la bahía gaditana /

Todo es impresionante en el Puente de la Constitución de 1812. Lo fue su inauguración en 2015, cuando se pudo poner en servicio y convertirse entonces en el segundo puente más alto del mundo. En cuatro años ha conseguido modernizar la imagen de la bahía gaditana y ha transformado la movilidad en la ciudad. Ahora llegan más coches, unos 10.000 más. Pero lo hacen de forma repartida entre ambos puentes. El segundo puente ya tiene más coches que el José León de Carranza. 26.000 diarios frente a 23.000. La SER ha recorrido las entrañas y las alturas de esta infraestructura única en la víspera de su cuarto cumpleaños.

26 personas trabajan diariamente en el mantenimiento y conservación del segundo puente sobre la bahía de Cádiz. Al mando de todos ellos, el ingeniero José María Padilla, jefe de las carreteras del Estado en Cádiz y Ceuta. "Estamos todos los días del año y las 24 horas del día", sostiene. "La obra ya está concluida pero nuestro trabajo no cesa". En el centro de coordinación, situado en el Río San Pedro (Puerto Real) una enorme pantalla sirve para controlar las cámaras que vigilan el puente. Hay personas y también máquinas.

Un software (sistema DAI) se dedica a controlar que no haya imprevistos y detecta enseguida un peatón o una bicicleta (prohibidos al ser autovía), un coche parado o un vertido. Para el control de vertidos el puente cuenta con dos balsas que impedirían el derrame de un producto tóxico sobre el mar.

El plan de inspección y mantenimiento contempla los trabajos más comunes y otros más especializados. Se analizan los tirantes que sostienen el puente, se ausculta la estructura con sensores diversos que producen millones de datos anuales que se reciben y procesan en el centro de explotación para prevenir cualquier contingencia. Hay una estación de pesaje que permite conoce la magnitud de las cargas en cada momento. Y también un exhaustivo sistema de previsión de viento particularizado para el puente por su altura. Existe un protocolo de actuación en que caso de que las rachas fueran tan fuertes que recomendaran cerrar el puente al tráfico. El paseo por las entrañas del puente, a las que se accede por una alcantarilla, es un recorrido apabullante por una mole de cemento y hormigón. 

En estos cuatro años lo que más daño ha hecho al puente es la corrosión del mar y la humedad de Cádiz. "La corrosión aquí es un siete por ciento mayor que si este puente estuviera en el centro de la península", explica Padilla. En todo caso, el segundo puente cuenta con un tratamiento anticorrosivo en más de 200.000 metros cuadrados de elementos metálicos, además de los anclajes y los tirantes.

Los últimos datos de aforo del puente confirman que el nuevo puente ha ganado al viejo. No fue así en los primeros años. Según datos del 20 de septiembre de 2019, por el de la Constitución pasaron 26.764 vehículos, mientras que por el Carranza se contabilizaron 23.835. Es decir, un total de 50.599, algo más de 10.000 coches que los que se contaban hace cuatro cuando solo existía un único puente.

El jefe de Carreteras en Cádiz defiende la necesidad del puente por lo que ha supuesto de mejora de la movilidad. "Esto beneficia a todo el área metropolitana, donde viven 700.000 personas", incide. También destaca el descenso de tiempos en los desplazamientos, la mejora de la calidad de vida, la reducción de la contaminación y las ventajas que para la logística supone esta infraestructura. De hecho, Padilla vaticina que el segundo puente ganará tráfico cuando se ponga en marcha la avenida transversal de la ciudad, se mejore la carretera industrial y, sobre todo, se ponga en marcha el túnel que conectará con la nueva terminal de contenedores.

A 180 metros de altura, en la parte más alta del puente, a la que se accede por unos minúsculos ascensores y tres escaleras verticales, se divisa una imagen impresionante de toda la bahía gaditana. Se observa también, tan pequeño como si fuera de juguete, el puente Carranza, que está a punto de cumplir 50 años desde su puesta en funcionamiento. Entonces fue un puente de récord. La inconmensurable dimensión del segundo puente relativiza el paso del tiempo y sirve para comprobar desde el aire algunas tareas pendientes: solares vacíos, la terminal de contenedores, el dique seco del astillero en Cádiz esperando un crucero, las marismas, las playas ya sin bañistas... El pasado, el presente y el futuro de Cádiz en un simple vistazo desde el lugar más alto de la bahía.

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Cadena SER

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