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Miércoles, 11 de Diciembre de 2019

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Llegó la primera

El Oviedo estrenó su casillero de victorias tras imponerse (0-1) al Tenerife en un partido con mucho sufrimiento.

Bárcenas, autor del gol, trata de controlar un balón /

Nueve jornadas hubo que esperar, pero nadie dijo que la primera victoria iba a llegar sin sufrimiento. Y, otra cosa no, pero falta de trabajo y compromiso no se les puede reprochar a unos jugadores que notaron la presión del resultado y de ver cercano el triunfo después de tanto tiempo de espera. Eso se palpó prácticamente desde que el Oviedo se puso por delante, pero el buen hacer defensivo del equipo le hizo llevarse el mayor botín de un estadio del que habían vuelto de vacío en sus tres últimas visitas. Pero para que todo esto llegase, tampoco podía ser sin la pizca de suerte necesaria, que tantas veces le fue esquiva a los azules. Versión seria, sólida y práctica de un Oviedo que se defendió bien en los metros finales y espera crecer a base de resultados positivos.

Javi Rozada, para sorpresa de muchos, realizó una revolución en su once. Él mismo había comentado que iba a hacer pocos cambios, pero nada más lejos de la realidad porque vimos hasta 4 novedades en el equipo titular: Edu Cortina, Borja Sánchez, Bárcenas y Omar Ramos. Además, Sangalli actuó en una posición, la de lateral derecho, que pareció a su medida desde el comienzo del encuentro. El futbolista procedente del Alcorcón no se cansó de subir la banda en todo el partido y, al igual que el resto de sus compañeros, terminó el choque exhausto.

Escucha aquí la rueda de prensa de Rozada:

Como en tantas ocasiones a lo largo de esta temporada el Oviedo se volvió a adelantar en el marcador. En esta ocasión fue en el minuto 24 gracias a Yoel Bárcenas, que recibió un balón perfecto de Omar Ramos a la espalda de la defensa, se plantó solo ante Ortolá y con la inestimable colaboración del portero adelantó al conjunto carbayón. Primer gol en la cuenta particular del panameño esta campaña que lo celebró con mucha rabia.

Bárcenas y Ramos fueron las mejores noticias del Oviedo en el primero tiempo. Ambos encontraron los espacios a través del desborde, la conducción y el pase. Pero no le duró mucho al equipo ese descaro y autoridad en el terreno de juego.

Concretamente hasta la jugada polémica del partido. Llegó en el minuto 36 cuando un remate de Borja Lasso impactó en la mano de Sangalli dentro del área y el árbitro pitó penalti. Entonces el VAR se pronunció y, después de unos minutos de espera con Malbasic preparado para lanzar, el colegiado indicó que había fuera de juego previo por escasos centímetros.

Con ese golpe de fortuna, que en otros momentos caía del otro lado, ya se empezaba a creer que la victoria era posible. Por fin parecía que la suerte podía cambiar. El Oviedo acabó pidiendo la hora simplemente para llegar al descanso con un poco de aire porque el Tenerife se había volcado sobre la portería de Champagne en esos últimos minutos, aunque sin crear verdadero peligro más allá de esa acción del penalti que finalmente fue invalidado.

Pero la agonía de este Oviedo no se iba a quedar ahí ni mucho menos. Todo el segundo tiempo fue un monólogo de los locales, que encerraron en su campo al cuadro de Rozada sin que apenas pudiese salir a la contra. Cabe decir que a pesar del dominio abrumador de la posesión por parte del Tenerife, ésta no fue plasmada en ocasiones claras de gol. Algún remate aislado, y fácil de detener para Champagne, fue lo más destacado de los blanquiazules en ataque. Todo ello fruto de las tremendas ayudas defensivas de los visitantes, que nunca perdieron la cara al partido y no cayeron en la desesperación de no tener el control del esférico.

Así se llegó al minuto 93, instante en el que todos los componentes de la plantilla, incluido Rozada, saltaron de alegría como si de una victoria para conseguir cotas mayores se tratase. Ahí se pudo observar la necesidad que tenía el vestuario por quitarse ese peso de encima y que esperemos sirva para empezar a ver una mejor versión en un periodo corto de tiempo. Lo cierto es que los tres puntos no le sacan de los puestos de descenso, tampoco del último puesto, pero sin duda es un auténtico golpe de aire fresco de cara a los próximos días en la capital asturiana.

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