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Martes, 15 de Octubre de 2019

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Andancio

Será por la luz o por el cambio de estación. O quizá porque está en el ser de las cosas y es lo que toca. El hecho es que, ya lo habrás oído o lo estarás padeciendo, hay mucho “andancio” por ahí.

Digo yo si será esto de que los días se acortan y que se acerca ese sábado de octubre que nos dejará sin tardes o que los virus interpretan las farolas de LED como señales de invierno y, como hay tan poca luz y se ve tan mal, atropellan a quien se pone por delante. Ya sé que a ti, que tienes una farola en tu ventana, te alivia que se apague el fuego amarillo de las viejas lámparas y este frío de luces modernas y económicas te deja dormir de otra manera. Pero no todos tienen la suerte de leer en la cama sin encender la luz de la mesita y en la acera las luces nuevas dejan un poso de tristeza, como de cosa sin potencia, como de carencia, como de vida triste y maltrecha, una de esas vidas equivocadas que se recorren sin otra luz que la de la rutina.

He dicho vida equivocada y me arrepiento, porque el andancio te toca en la espalda sin preaviso, y la vida que te toca es siempre la correcta, y no hay error en eso de vivir lo que a uno le toca, sea un gripazo, una farola en la ventana o una diverticulitis recidivante, porque te toca lo que te toca y luego tú ya vas bailando con ello como mejor sabes y le metes un pisotón a tu pareja de baile o pierdes el paso cien veces o te vas a la polca cuando es habanera o incendias el aire en miradas que anuncian lluvias o torrentes de lágrimas o fuegos que inundan mares ya inundados. Quiero decir que, con lo que te toca, es un “allá te las avengas” y lo malo es que te toca mucho, te toca en gordo cada día y por mucho que te dices aquello de “quieto parao”, sabes que es imposible frenar la marcha y te mueves como el tren, como las olas, como los mosquitos que adoran la farola, ahora ya no tantos como antes. Algo bueno tenía que tener esto del LED.

El “andancio” se extiende por ahí y a todos llega. ¿No te encanta ese “por ahí”? Es como si fuese cosa de los otros y, cuando nos toca, no es que esté donde nosotros estamos, porque nos toca, pero no nos llega, porque ese andancio que nos echa contra la cama de un solo remangón es algo que no entra en casa, algo que siempre, siempre, siempre… ¡Anda por ahí! Aquí todos siguen en sus juegos y se habla de capitales y de avances. De la mejora de las Urgencias (no, eso no, de las obras de remodelación del Servicio de Urgencias), de la nueva estación (no, exactamente no, porque no habrá nueva estación, sino conversión de la “provisional” en “definitiva”), de Transición Justa (no, muy justa, muy justa, no, que las minas están cerradas y los empleos perdidos). Se habla de la salud y solo algunos se dan cuenta de ese terrible “andancio” que anda siempre “por ahí”.

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