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Sábado, 19 de Octubre de 2019

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El enoturista quiere actividades que le permitan aprender y divertirse

La época de vendimia sigue siendo el momento álgido en el turismo enológico, sin embargo, cada vez más visitantes eligen la Ribera del Duero en otros momentos del año

El enoturismo, llegado con la apertura de bodegas al público ha sido clave para el aumento de visitantes en la Ribera del Duero, esta zona, reunificada por la Ruta del Vino, ha conseguido que la estacionalidad del turismo haya desparecido, si bien es verdad que la vendimia sigue siendo el momento más concurrido, de un tiempo a esta parte,  las bodegas van recibiendo a más gente a lo largo de todo el año, siendo solo diciembre y enero los meses en los que el número de personas sigue siendo más reducido. El turismo de interior hace frente al turismo de playa y sobre todo, el vino está de moda.

Lo más importante es destacar que los enoturistas que visitan nuestras bodegas, no son expertos en vino, muchas veces solo intentan descubrir algo más acerca de cómo se realiza, las características que lo rodean y sobre todo ver el entorno que lo hace posible. Además, buscan diversión, pasarlo bien, disfrutan descubriendo que la vendimia, más allá del trabajo que supone, es una fiesta.

Son varias las bodegas que durante estos días diseñan actividades especiales para los visitantes, les dan la posibilidad de tocar y estar durante todo el proceso, convertirse en enólogos por un día e incluso probar los mostos en diferente estado de fermentación. Este es el caso de bodegas como El Lagar de Isilla en La Vid, Pradorey en Gumiel de Mercado o Protos en Peñafiel que se preocupan en crear visitas adaptadas a cada momento del año.

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