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Martes, 15 de Octubre de 2019

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Sobre la fuga de Lucas Bravo

Lucas Bravo de Laguna, diputado regional por petición paterna, registró ayer una solicitud para abandonar el grupo parlamentario nacionalista y pasar al Grupo Mixto. En un alarde de inteligencia política, el diputado explicaba que su decisión no tiene nada que ver con problemas con Coalición, sino que obedece a motivos exclusivamente económicos. En efecto, don Lucas, no contento con embolsarse el opíparo salario de un parlamentario, supuso que su incorporación al grupo Mixto de la Cámara –integrado exclusivamente por los dos diputados de Ciudadanos tras la creación del grupo gomero- le supondría tener acceso a la tercera parte de los recursos económicos de que disponen los grupos parlamentarios, una cantidad bastante suculenta, asignada no a aumentar el estipendio de sus señorías, sino a permitir que los grupos puedan contar con asesores jurídicos, periodistas, y tiralevitas varios.

El problema es que Lucas Bravo probablemente no preguntó a quién debería haber preguntado, antes de materializar su esperpéntica decisión de dejar un grupo político para ganar más: hasta hace algunos años, efectivamente, los diputados que abandonaran su grupo o fueran expulsados podían pasar a formar parte del Grupo Mixto. Con la reforma del reglamento del Parlamento, inspirado entre otras cosas en las normas antitransfuguismo, la cosa ya no funciona así. Tras dejar el grupo nacionalista, Lucas Bravo sólo puede convertirse en no adscrito. No sólo no podrá cobrar más, sino que cobrará menos. El reglamento del Parlamento establece en su artículo 27 que los diputados que abandonen su grupo parlamentario solo podrán ejercer sus derechos individualmente considerados, y sus retribuciones serán más bajas.

Lo de Lucas Bravo es de traca: ha quedado como un traidor ante el grupo nacionalista, y como un pardillo ante todo quisque. En Coalición harían bien en tomar nota de lo que ocurre cuando le regalas a alguien un acta de diputado sólo por ser hijo de su padre: que no lo agradece. Les queda a los coalicioneros elegir entre hacer lo que ha hecho el PP con sus consejeros palmeros, perdonarle, pelillos a la mar, y pasarle la mano por el lomo, a cuenta de un voto futurible quizá decisivo. O bien dejarlo en secano y cobrando menos hasta que se aburra. No sólo por no ser precisamente el más listo de su clase. Sobre todo por ser un avaricioso.

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