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Sábado, 17 de Abril de 2021

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Opinión

Más tanatorios que centros de salud

La Firma de Félix San José

La semana pasada nos hacíamos eco de la situación que atraviesan las poblaciones y provincias de España con la despoblación y con el movimiento #yoparopormipueblo, es decir, la España vaciada.

Parece que está de moda enfrentarse a los ciudadanos de a pie que cada día se ven más solos y abandonados en sus pueblos y ciudades. La despoblación ya está aquí y avanza a pasos agigantados. Mientras, nuestros políticos y mandatarios cada vez son más y cada vez que los cambiamos, más se suben sus salarios, sin importarles que sin esas subidas (que debieran ser bajadas) tendríamos nuestros pueblos bien atendidos.

Esta semana pasada se abre un nuevo frente en las zonas rurales, donde nuestros dirigentes quieren quitarnos hasta al panadero.

La mitad de los pueblos de España ya no tienen ni bancos ni cajeros. Y ahora se empeñan en cerrar los pequeños ambulatorios o centros de salud rurales, en quitarnos la atención médica que tan necesaria es en una población cada vez más mayor. Población que ha dado su vida por su pueblo y ha mantenido la vida rural en cada uno de ellos. A nuestros mayores la vida les recorta salud diariamente y si esto no para, volverán a rodar por los pueblos aquellos carruajes de la edad media en los que el charlatán de turno vendía sus ungüentos para la curación de sus males, te sacaban una muela, o te curaban las heridas del duro trabajo del campo con sus pócimas milagrosas.

Nuestros gobernantes amenazan de manera firme el cierre y desatención de la sanidad médica, retirando y cerrando los pocos centros que hay y quitando los médicos de familia. Centros de salud en los que los nuevos médicos no piden plaza porque, para ellos, no es llamativa la oferta.

Antes, yo recuerdo, el médico del pueblo tenía su casa y allí dormía y vivía con su familia. Sus hijos se criaban y estudiaban en esos pueblos y aunque tenían un horario de atención al paciente, no les importaba desplazarse hasta tu casa a mirarte con las gomas. Gomas que no eran mágicas, pero si lo eran sus palabras y su presencia cuando el enfermo lo solicitaba y hasta se curaban más rápido solo porque don Ángel o don Carlos, su médico, le visitó a las tres de las madrugada.

Ahora ya no les verá nadie y si nos descuidamos es más fácil que abran un tanatorio a que mantengan su centro de salud actual.

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