Últimas noticias Hemeroteca

Lunes, 18 de Noviembre de 2019

Otras localidades

Sobre la exhumación de Franco

Al final, el nuevo parque temático de la ultraderecha patria se instalará
en Mingorrubio, entre la verja de acceso al cementerio y el mausoleo
de la familia Franco. Después de años de decadencia de Cuelgamuros,
el desenterramiento del dictador ha logrado devolver la caspa ya
olvidada de la fachería nacional a la actualidad política. Franco vivo
de nuevo, cuarenta años después de ponerle la losa encima.
Quien lo iba a decir, el Gobierno no ha escatimado recursos en
el show de sacar a Franco de su cajón de granito y devolverlo al
Pardo. Policía, camiones, ingeniería punta en materia de deshacer
entierros y un helicóptero militar para transportar el féretro.


Personalmente, yo era más partidario de la reasignación (creo
que se dice así) del Valle de los Caídos como triste monumento
funerario y museo del desastre. Pero parece que la presencia de Franco
en el interior del túmulo que se hizo construir, no procede por unos
cuantos motivos perfectamente demostrables, entre ellos el más
importante sería el de no ser finado de guerra, sino un señor que murió
en su cama después de habernos dado dictatorial brasa durante
cuarenta años. Creo que no habría estado mal resolver este asunto
cuando tocaba, quizá en los primeros años posteriores a la Transición.
Otros cuarenta años después de haber sido enterrado, con el
franquismo afortunadamente superado y olvidado, toda la operación
resulta un tanto… vamos a decir que inútil.


Se me escapa el sentido de todo esta funeralidad desatada, pero
el presidente Sánchez tiene ahora dos atracciones en las que lustrar su
mensaje de renovación, modernidad y compromiso: uno es el parque
de la violencia y la aventura, esa Cataluña donde con casco pueden
romperte la crisma de una pedrada, y sin él mejor no salgas de paseo.
El otro es este parque del terror en que van a convertir Mingorrubio,
con sus huesos franquistas, sus bigotitos demodé al prespunte, sus
procesiones falangistas, sus brazos en alto, sus montañas nevadas y
sus banderas al viento. Una propuesta para sacar pecho sobre un grano
de caspa en el trasero del olvido, una invitación para desenterrar (más
que a Franco) la nostalgia del fascismo.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?