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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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Un wéstern en el desierto de la posguerra

Benito Zambrano sella en 'Intemperie' una sólida reflexión sobre el perdón

Jaime López y Benito Zambrano en una escena de 'Intemperie' /

Hay vivos que no merecen ningún respeto. Pero los muertos, sí. A los muertos hay que enterrarlos. La enseñanza que Moro, el personaje de Luis Tosar, da al niño protagonista de Intemperie es el perfecto resumen del mensaje principal de la nueva película de Benito Zambrano, un wéstern en la España profunda y desértica de la posguerra, una sólida reflexión sobre la redención y la capacidad de perdón del ser humano.

La narración arranca en la huida de un niño, un Jaime López cargado de magia y encanto, que escapa del horrible capataz que, supuestamente, le protege con la promesa de regresar para salvar a su hermana y quemar su pueblo que tanto daño le ha hecho. Es un niño resentido, lleno de odio y que utiliza la mentira para sobrevivir porque no se fía de nadie.

Frente a él, está todo un mundo de adultos, incluidos sus padres y el capataz, que solo le han traído dolor. Y ese niño perseguido emprende una huida por el desierto de una España sedienta y hambrienta que no tiene ni agua ni comida, la España que acaba de salir de la guerra. Y en ese desierto el oasis que encuentra ese niño son Moro y sus animales, un hombre también herido por la vida, pero del que aprenderá qué es el cariño y la importancia del perdón.

Benito Zambrano utiliza todas las herramientas del wéstern con sabiduría, ayudado por un enorme plantel de actores, encabezado por un infalible Luis Tosar, quien interpreta al entrañable Moro, y un destacado elenco de secundarios, desde Luis Callejo, un potente Vicente Romero y un impactante Manolo Caro, como Muñones. Es una película bien cosida, quizá algo convencional en el desarrollo, pero profunda en su mensaje y eficaz en su forma.

Intemperie habla de perdonar, de ser flexible, de sobrevivir, pero sin rendirse, sin aceptar lo malo, sin dejar de luchar hasta el final. Ser como las palmeras que resisten los temporales. Las que saben doblarse, pero no se doblegan.

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