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Lunes, 27 de Enero de 2020

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Casas de apuestas

La Firma de Guillermo Granja

El tema de las casas de apuestas está adquiriendo un cariz preocupante. Cada poco tiempo, vemos cómo en Palencia se abren nuevos locales en los que se pueden hacer apuestas deportivas de todo tipo. Parece que se ha convertido en la gallina de los huevos de oro, donde empresarios, a mi entender sin escrúpulos, intentan hacer negocio con los sueños de las personas.

En épocas de crisis es cuando surgen nuevas oportunidades de negocio que suelen buscar el enriquecimiento fácil. Quién no recuerda cómo hace nada de tiempo estábamos rodeados de las famosas tiendas de compra y venta de oro. O de cómo surgieron, como setas en otoño, establecimientos de venta de cigarrillos electrónicos. También proliferaron tiendas de ropa, peluquerías o bares, entre otros. Los ciudadanos tendemos a volvernos inversores cuando el trabajo por cuenta ajena es más complicado, aunque, por lo general, los resultados no sean los deseados y en poco tiempo suelen desaparecer la mayoría de las empresas así creadas.

El caso de las casas de apuestas atiende a un perfil distinto. En todos los casos son empresas de carácter internacional que se están instalando en todos los rincones del país. Miremos por donde miremos, en los últimos años han proliferado, de tal manera, que en dos años han multiplicado por diez los ingresos en Castilla y León. Han pasado de facturar unos 5 millones de euros en 2015 a los más de 53 millones en 2017. Faltan por conocer los datos de 2018 y 2019, pero, con total seguridad, el incremento será muy notable.

Está claro que las apuestas están amparadas por todas las administraciones públicas, ya que les suponen unos copiosos ingresos a través de los impuestos. Es, para mí, un claro ejemplo de doble moralidad ya que prometen hacer legislaciones que regulen este ámbito, pero tardan mucho en hacerlo porque es muy rentable. Creo que es lo mismo que pasa con el tabaco y, en cierta medida, con el alcohol.

A estos espacios hay que sumar la enorme cantidad de casas de apuestas que proliferan en Internet y que tienen un acceso muy fácil para cualquier persona, especialmente para los menores de edad. Éstas últimas nos bombardean constantemente con publicidad indiscriminada sin ningún tipo de control.

Estudios recientes demuestran que una gran parte de nuestros jóvenes se encuentran entre los clientes más asiduos a estos establecimientos, a pesar de que lo tienen prohibido y que lo hacen a edades cada vez más temprana. La solución, en mi opinión, consiste en prohibir cualquier tipo de publicidad en este ámbito, controlar rigurosamente el acceso de menores a estos establecimientos y poner límites estrictos al juego on-line.

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