Miércoles, 23 de Septiembre de 2020

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Un encuentro misterioso: la leyenda del hombre de la capa negra de Huélamo

Es una de las leyendas conquenses más populares, una de esas historias ideales para contar en noches sin luna y cerca de una hoguera porque su relato es estremecedor y provoca escalofríos

Huélamo (Cuenca).

Huélamo (Cuenca). / turismocastillalamancha.es

Rescatamos una leyenda que forma parte del folclore oral conquense: la leyenda del hombre de la capa negra de Huélamo. Cuenta la aparición de un ser extraño en una noche más solitaria aún. Un hombre que realizó una petición muy concreta a un joven que venía del cementerio tras una apuesta y que vivió la experiencia más aterradora de su vida. Todo sucede en un largo camino, en una huida y deja una señal que atestiguó que todo lo sufrido la noche anterior se había convertido en una realidad. ¿Demonio, una broma pesada o una criatura sobrenatural? Lo intentamos averiguar en el espacio Misterios Conquenses que coordinan Sheila Gutiérrez y Miguel Linares y que emitimos los martes en Hoy por Hoy Cuenca.

'Misterios Conquenses' con Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Esta leyenda se cuenca en Huélamo porque ocurrió en sus alrededores, en la Serranía de Cuenca, donde se narran la aparición de un hombre alto, con una capa negra, que persiguió a su víctima hasta su casa. Una historia que merece la pena rescatar del baúl, sería una pena que se perdiera solamente por la dejadez o la desidia de no contarla.

Todo comenzó con una simple apuesta entre dos amigos enfrentados por amores.

A uno de los jóvenes le llamaban El Pinto y el otro tenía como nombre Juan Manuel Marchante. Era una fría noche de noviembre, la noche de los Todos los Santos, en la que los dos muchachos se enfrentaron y Juan Manuel fue tentado con la afirmación de parte de su contrincante de que no sería capaz de ir al cementerio, una hazaña donde su valor estaba en juego. Tendría que ir allí y depositar unas piedras en la puerta para demostrar que realmente había estado.

Aceptó sin dudar un momento pero sin saber lo que aquella hazaña le depararía. Fue hasta el cementerio, depositó las piedras y a su vuelta es cuando comenzó su pesadilla.

Huélamo es uno de los municipios a más altitud de la provincia de Cuenca y de los más fríos en invierno y frescos en verano. / turismocastillalamancha.es

Nunca hubiera imaginado que visitar un camposanto en aquellas fechas se quedara en una simple anécdota tras lo que estaba a punto de vivir. De regreso a su casa, estando al borde de la medianoche y encontrándose muy cerca de la plaza del pueblo, un hombre apareció de entre la oscuridad y le cortó el paso.

El joven se sorprendió porque le extrañó que a esas horas y sobre todo aquella noche, donde la línea de la vida y la muerte están más unidas que ningún otro día, alguien anduviera por allí, y sobre todo alguien al que no conociera. Tuvo tiempo para observar que aquel misterioso hombre llevaba una larga capa negra y que muy posiblemente fuera extranjero. Una observación que se vio truncada cuando unas palabras le trajeron de vuelta a una realidad paralizada por esta aparición inesperada.

Aquel hombre le preguntó de forma muy educada que si le podría indicar el camino hacia el pueblo cercano de La Serna, ya que no conocía la zona y no sabía en qué dirección dirigirse. De forma casi involuntaria y sin saber cuál fue el motivo, el muchacho se ofreció no sólo a indicarle, sino también a acompañarle hasta la entrada de aquella finca.

Huélamo se encuentra en el paraje de la Serranía de Cuenca. / turismocastillalamancha.es

Para llegar a su destino tuvieron que cruzar casi todo el pueblo a esas horas solitario, poco iluminado y con una humedad que hacía que una neblina le diera al conjunto un aspecto un tanto inquietante.

En este camino algo fue cambiando en la actitud de Juan Manuel. Aquello que le impulsó a ofrecerse como guía nocturno, ahora le mantenía en alerta como si presintiera que un peligro estaba cercano, algo que se acentuaba ya que un silencio sepulcral reinaba entre los dos caminantes. El joven ahora miraba de reojo a aquel extraño hombre, que incluso a veces caminaba un poco rezagado, y en una de estas miradas tímidas le pareció ver como una luz emanaba del cuerpo de su compañero.

Durante unos minutos intentó racionalizar aquello que había visto y al volver a mirar pudo comprobar su primera visión: de sus manos y sus pies salían como unas llamas azuladas.

El miedo se apoderó de él y no sabía cómo escapar de aquella situación. En su interior algo le decía que aquel hombre no era tal, sino que se trataba de un ser sobrenatural, un demonio, un espíritu, un fantasma, no podía describirlo pero notaba que sus intenciones no eran buenas.

En ese momento sólo se le ocurrió una idea. Se acercó a su compañero, le pidió parar un segundo ya que tenía una necesidad fisiológica y que, como es natural, debía de esconderse y apartarse un poco del camino. Algo que no gustó demasiado al hombre que, aun así, aceptó aquella inoportuna propuesta pero no sin antes pronunciar unas palabras amenazadoras por si aquel joven hubiera decidido huir.

“¡Muchacho, no me hagas esperar! Daré tres palmadas y a la última deberás estar aquí conmigo”.

El joven asintió, lo había entendido perfectamente y también supo que aquello era una amenaza en toda regla. En cuanto se apartó del camino emprendió su huida.

Apenas acababa de alejarse unos metros escuchó la primera palmada, la segunda ya la escuchó más lejana y la tercera casi fue inaudible. Cuando ya se encontraba entrando en el pueblo, agitado por la carrera, algo le alertó, su sexto sentido le decía que aquel plan no había funcionado. El miedo lo paralizó, le hizo mirar atrás y allí se encontraba lo que jamás hubiera querido volver a ver.

Frente a él estaba aquel ser, esta vez sí que pudo ver como esa llamas azules salían de entre su capa, pudo comprobar que eran más intensas quizá por el enfado de haberse querido escapar, sintió la ira, la rabia de aquel hombre extraño, el fuego ya le salía por los ojos, como si tuviera a unos metros al mismísimo Maligno.

Unos valiosos metros que le valieron para seguir corriendo y escapando. Ya veía su casa. Nunca hubiera imaginado que algún día tendría tantas ganas de volver a su hogar. Abrió la puerta casi de un empujón y la cerró con las fuerzas que le quedaban. Aunque una vez estando dentro escuchó unos golpes en la puerta, como estuvieran haciendo fuerza para abrirla y una voz que decía.

“De una y no buena te has librado, muchacho. De tus pies te has valido, que si no de tu sangre hubiera bebido”.

Juan Manuel contó lo sucedido a su madre y estuvieron rezando durante toda la noche. A la mañana siguiente cuando la luz inundaba todo abrieron la puerta para hacer ver al aterrado joven que el mal ya se había ido. Pero al hacerlo vieron una mano, casi como si de una garra se tratara, grabada en la puerta que la noche anterior le había salvado la vida. Era como si lo hubieran hecho a fuego.

Una historia que según en el blog Leyendas Mundiales Mágicas nos dicen que aquella puerta terminaría enterrada en algún lugar secreto y que uno de esos lugares podría ser en el castillo de Huélamo, en un profundo sótano, bajo una pesada tapa de hierro.

Sin olvidarnos de aquellos que contaban que por aquellos días y por aquellos parajes rondaba un extraño ser, de los que se dice que se alimenta de sangre, que sólo sale de noche y que sólo se le pude matar clavándole una estaca en el corazón.

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