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Domingo, 27 de Septiembre de 2020

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Literatura

"La de Cádiz es una combustión a fuego lento"

García Argüez disecciona en la premiada novela 'Aguaviento' el drama de la infravivienda y la precariedad

Miguel Ángel García Arguez posa en la Facultad de Filosofía y Letras con un ejemplar de su libro

Miguel Ángel García Arguez posa en la Facultad de Filosofía y Letras con un ejemplar de su libro / Cadena SER

En medio de una tremenda tormenta que sacude Cádiz, una gota de agua se cuela en la cama de una chica que duerme en una cochambrosa vivienda del casco antiguo gaditano. Y esa gota de agua provoca que caiga un techo de escayola. Y de ahí nace la indignación de las inquilinas. Y eso propicia la ira del propietario, lo que provoca las prisas y ansias de un promotor. La novela Aguaviento - ganadora del XVIII Premio Carolina Coronado Ciudad de Almendralejo, dotado con 8.000 euros, y publicada por Algaida - se adentra en la sordidez del Cádiz de la infravivienda, la precariedad, el paro, la soledad, la cárcel, los asustaviejas, la droga o la indigencia. Pero es también el certero retrato de tres generaciones de mujeres luchadoras, castigadas por la inercia de una ciudad, donde una simple gota de agua puede desencadenarlo todo.

Entre la novela negra y el realismo mágico, con una intriga creciente y una certera presentación de personajes entrelazados, el jurado presidido por Espido Freire destacó de este texto de Miguel Ángel García Argüez la originalidad de su propuesta.

Pregunta. ¿Dónde está el germen de esta novela?

Respuesta. Creo que hay dos gérmenes. Uno consciente y otro subconsciente. El germen consciente es la realidad de Cádiz que me he encontrado a través de los medios de comunicación, es decir, cosas que han ocurrido durante los últimos años y que han sido noticia en la ciudad. He hecho una especie de sofrito y lo he mezclado, con unas pizcas de ficción y una serie de personajes que he metido. Con todo eso he formado la historia. Pero, desde el subconsciente, yo tenía un cuento sobre tres mujeres que tenían un demonio dentro de su casa, un cuento que está recopilado en El bombero de Pompeya y, sin darme cuenta, creo que ha sido el comienzo y germen de la novela.

P. Son tres mujeres que viven en un piso destartalado del casco antiguo de Cádiz y que tienen su demonio real, que son las humedades y el riesgo de que un día se les caiga la casa encima. Hay muchos personajes fácilmente reconocibles del submundo gaditano. ¿Quería adentrarse en ese Cádiz que no aparece en las guías de viaje?

R. Como decía Pata Negra, Sevilla tiene dos partes, una parte por la que pasan los turistas, y otra donde vive la gente. Y eso le pasa a Sevilla, Ámsterdam y, por supuesto, a Cádiz también. Esa otra realidad de la gente trabajadora y que sobrevive como buenamente pueden en medio de ese huracán de turistificación, que ha entrado a saco en el casco antiguo de la ciudad. Y aparece todo el tema de la infravivienda, que es algo que lleva más años. Me apetecía hacer una novela que retratara eso, sin que haya una apuesta por la sordidez. Cádiz tiene cosas maravillosas, pero también cosas a las que no se les puede cerrar los ojos. La novela profundiza un poco en esa realidad.

P. Uno de los episodios de la novela se titula Ciudades que se queman , pero no arden. ¿Es una metáfora de Cádiz?

R. La de Cádiz es como una combustión a fuego lento. Le pasa a otras ciudades. Como las ranas, que empiezas a calentar el agua y la rana no se da cuenta de que va a morir hervida. Es curioso que me preguntas por ese título de episodio, porque ese fue durante mucho tiempo el título de la novela. Fue el nombre del archivo de word. Después me pareció un poco largo y con poco gancho.

P. ¿En qué genero sitúa la novela porque tiene ingredientes de la novela negra, de realismo mágico...?

R. Yo no tengo claro ni si existen los géneros en los seres humanos, así que imagínate en la literatura. Yo creo que tiene un poco de todo, porque, como lector, uno lee de todo. No me atrevo a decir novela negra, entre otras cosas, porque uno está un poco harto del monopolio de la novela negra. Es costumbrista, de cómo es la vida real de la gente real, sin mucha sofisticación. No tengo especial interés en hablar de géneros. De hecho, en mis clases de literatura lo que hago es cuestionar qué es eso de los géneros literarios.

P. Sí tiene mucho de cinematográfica esta novela. ¿Es algo intencionado?

R. Es inevitable que los narradores del siglo XXI tengamos en nuestra cabeza las estructuras narrativas del cine y la televisión. Ahora mismo la vanguardia narrativa se ha popularizado desde lo cinematográfico, así que, aunque uno no esté pensando en el cine ni mucho menos, es inevitable que hayas asimilado ciertas técnicas que tienen que ver con lo cinematográfico, como, por ejemplo, la división en secuencias, la importancia de lo visual. Aún así uno siempre intenta que la novela esté llena de literatura, claro.

P. ¿Se imagina la versión cinematográfica? ¿Le gustaría?

R. No sé si es del todo transcribible. Porque hay muchas cosas que no se podrían adaptar, aunque hay directores que ya son capaces de todo. Estaría muy bien. Que se convierta en película o en obra de teatro, mucho mejor los derechos que puede generar una película (se ríe). Lo importante es que hay una novela.

P. Es una historia protagonizada por tres Charis, por tres mujeres. ¿Es importante para usted el protagonismo de estas mujeres?

R. No es algo pretendido, pero sí me pareció que en la mitad de esas circunstancias, en mitad del huracán de todo lo que ocurre, estuvieran tres mujeres. Porque la precariedad de la precariedad casi siempre es de las mujeres. Lo que sí me gustaba mucho, le di muchas vueltas es que hubiera tres generaciones. Está Lachari, la anganga, la choni de la familia, la madre y la abuela. Digamos como la triple diosa de Robert Graves, está ahí retratado todo ese mundo: la virgen, la reina y la bruja sabia.

P. En la novela aparecen conflictos de la ciudad que no se han terminado de solucionar: el paro, el conflicto de astilleros, la droga, la precariedad... ¿hasta qué punto retrata a Cádiz?

R. Todo está hecho, como te decía, con retales reales, aunque sean un poco deformados y convertidos en otras cosas y con otros personajes. He intentado que la conflictividad aparezca reflejada fielmente en relación con cosas que han pasado en Cádiz. Cualquiera que haya estado atento a la realidad en los últimos meses puede reconocer episodios que ocurren en la novela que, debidamente descontextualizados, se han arrancado de la realidad. Entre ellos, el conflicto de astilleros. También hay un guiño a la ocupación de Valcárcel o la turistificación.

P. Premiada en Almendralejo con un jurado presidido por Espido Freire. Ella le confesó que cuando defendió la novela ante el resto de miembros como la que debía ganar pensó que se trataba de una obra escrita por una mujer. ¿Lo ve como un cumplido?

R. Fue algo que me encantó, la verdad. Cuando Espido me estuvo contando y celebrando el premio, me dijo que durante todo el tiempo estaba convencida de que se trataba de una novela escrita por una mujer. No tenía ninguna duda, por la forma de tratarlo, por la forma de construir los personajes femeninos. Y cuando vio que era un hombre al abrir la plica se quedó con la cara partida. Me reí mucho cuando me lo contó y, claro, lo entiendo como un piropazo.

P. Y en la carrera literaria de García Argüez, ¿qué supone este reconocimiento?

R. Uno no tiene consciencia de estar haciendo una carrera literaria. Lo que sí he notado gracias al premio es lo que supone tener una editorial detrás con una importante distribución. Por fin, el libro está muy bien distribuido. Muchos amigos me enviaron fotos desde Barcelona o Madrid con la portada en librerías importantes. Algaida pertenece a Anaya y tiene su propia empresa de distribución y es un gusto que tu libro esté en tantos sitios. El mundo editorial tiene dificultades para la distribución y, por primera vez, veo un libro mío bien situado. El otro día me cayó un chaparrón en Sevilla, me refugié en una librería y allí estaba mi libro.

P. Tiene ya terminada la biografía de Ángel Subiela. El premio, ¿le sigue animando a escribir nuevas historias?

R. Yo he seguido escribiendo. Uno escribe porque tiene esa necesidad. El premio, una vez te quita su parte Hacienda, te da vidilla, te ayuda, te relajas y te permite que, durante meses, tener un colchoncito para escribir sin tener que pensar en que es un trabajo.

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