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Lunes, 24 de Febrero de 2020

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El clima no es un negocio

Tras dos intensas semanas, la COP25 ha llegado a su fin. Una Cumbre del Clima celebrada en Madrid, la cual tuvo que ser trasladada desde Chile por los graves disturbios generados por una crítica situación social en el país americano. Y esta, termina casi como empezó: sin ningún gran acuerdo para hacer frente a la emergencia climática y con las grandes empresas contaminantes presionando a los gobiernos para que así sea.

Paseando por la zona verde resultaba vergonzoso de ver: empresas como Endesa o Iberdrola siendo principales promotoras de la Cumbre. “El clima no es un negocio” rezaba la pancarta gigante que Greenpeace desplegó en el IFEMA de Madrid para visualizar la negativa influencia que tiene para las negociaciones la acción de estos grupos de presión que impiden alcanzar un acuerdo positivo para el planeta.

Como también nos pasa en Andalucía con esas empresas que están detrás de las térmicas de carbón, como la de Puente Nuevo, aquí en Córdoba… Las empresas contaminantes no deberían estar en la mesa donde se decide cómo se va a terminar con la emergencia climática que ellas mismas causaron. Es más, deberían rendir cuentas del daño que han causado durante décadas.

Mientras, tanto la Junta de Andalucía como Pedro Sánchez, están anunciando su intención de comenzar a hacer política real contra la emergencia climática, pero aún no hemos visto nada. El próximo Ejecutivo debe conseguir la aprobación de una ley de cambio climático y transición energética, y presentar un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima con objetivos acordes de acuerdo a los datos que brinda la ciencia, para que España reduzca sus emisiones al menos un 55% en 2030 y a cero neto en 2040.

La Comisión Europea parece que ya se ha puesto de acuerdo para ser el abanderado de la lucha climática, aunque debe ser más ambiciosa en sus objetivos: la situación medioambiental y de desigualdad social requieren un replanteamiento fundamental del sistema económico que durante décadas ha premiado la contaminación, la destrucción medioambiental y la explotación humana. Esperemos que tanto Bonilla como Sánchez se pongan las pilas y empiecen a aplicar verdaderas políticas ambiciosas para encarar esta crisis. Es ahora o nunca. Y ya empezamos tarde.

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