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Martes, 28 de Enero de 2020

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"Nuestra memoria está enterrada bajo las aguas del pantano de Iznájar"

Iznájar rinde homenaje a 250 emigrantes de los más de 3.000 que se vieron obligados a abandonar el municipio cuando el embalse se puso en marcha e inundó las huertas del pueblo, hace ahora cincuenta años

"Desgraciadamente, hay una parte de esa memoria que muchos tenemos que es solo memoria. A diferencia de muchas otras personas que emigraron también en los años 60 y 70, movidos por la situación en la que vivía en esos momentos nuestro país, la necesidad de buscar nuevas fronteras, nuevas expectativas, para ellos y para sus hijos.

Hay otras personas que habríamos marchado también por esas circunstancias, pero hubo un hecho que aceleró, que determinó nuestra marcha, que nos obligó, que fue la construcción de este pantano. Nos obligó y enterró una parte de nuestra memoria. A diferencia de muchas personas que han emigrado y que viven en otros pueblos, en otras comunidades, en otras regiones de España, que todavía mantienen su casa, mantienen un vínculo afectivo con la comunidad que les vio nacer y en la que desarrollaron su infancia. A algunos, eso se nos está vetado, porque la casa está bajo las aguas.

"HAY UNA PARTE DE ESE RECUERDO QUE ESTÁ ENTERRADO BAJO ESTAS AGUAS"

Antonio Montilla, Lope Ruiz y Antonio Ruiz, descubriendo la escultura que recuerda a las personas que emigraron de Iznájar / Cadena SER

Con estas palabras José Montilla, el expresdiente de la Generalitat Catalana, se dirigía el domingo a los emigrantes y a los vecinos que este fin de semana han vuelto a Iznájar, cincuenta años después de que las aguas del Genil inundaran sus vivendas para siempre, con la puesta en marcha del pantano.

El alcalde de Iznájar, Lope Ruiz, le da la bienvenida a José Montilla,expresidente de la Generalitat Catalana / Cadena SER

Sus palabras, en el Centro de Interpretación de Iznájar, el lugar en el que se comparte la historia de una de las más grandes obras de ingeniería hidráulica del país durante el último siglo, sonaban agriculces, porque sonaban a retorno pero también a ausencias.

La historia de Iznájar y de este embalse, el de mayor capacidad de Andalucía, no se entendería si no conociéramos las historias de alguno de los más de 3.000 vecinos que tuvieron que abandonar sus tierras para dejar paso al agua que pondría en regadío más de 75.000 hectáras en las provincias de Córdoba y Sevilla.

LA EMOCIÓN DEL RETORNO

Emoción como la de Fernando León Luque. Su familia emigró cuando él tenía 9 años y hoy viven en San Adrián, en Navarra, a 850 kilómetros de aquí. Hoy ha vuelto con su hermana pequeña, con su mujer y con su hijo.

Fernando nació en la barcaza en la que se cruzaba el pantano en los años en los que no estaba construido ni el puente que comunicaba el pueblo con la carretera. La barcaza se estropeó, estuvo parada cinco horas en medio del las aguas, y su madre, que iba de parto hacia el hospital, tuvo que dar a luz en la plataforma, atendida por los ingenieros.

Fernando León Luque, a la derecha, con Carmen y Raúl, su mujer y su hijo, y su hermana pequeña, Carmen León / Cadena SER

Esos recuerdos, el reencuentro con los amigos del colegio, con los lugares que quedaron retenidos en la memoria de la infancia, llaman permanentemente a Fernando a visitar Iznájar, como lo hace su hijo Raúl, hoy por primera vez.

DE GRANOLLERS A IZNÁJAR

Piedad (en el centro) y Paqui,(a la derecha), en el acto conmemorativo del 50 Aniversario del Embalse de Iznájar / Cadena SER

Emoción como la de Piedad, catalana de padres iznajeños, hoy concejal del Ayuntamiento de Granollers. "Hoy estoy muy emocionada. Me acuerdo mucho de mis padres, que eran de aquí. Por eso en mi casa para navidad huele a pepitoria y gazpachuelo, y a huevos volaos fresquitos".

Merecería la pena hablar de lo que han aportado los andaluces a la construcción de otras comunidades, "esa es una reflexión muy importante que hacer hoy", destaca Piedad, que lleva a Iznájar también en el nombre.

"EL OLOR ES EL DE LOS CAMPOS CUANDO VENÍAMOS DE PEQUEÑOS"

Paqui nació en Iznájar y creció en Granollers. Hoy está muy emocionada. "No venimos habitualmente, y nos acordamos de nuestros padres, de las familias que vivían aquí, que les ha dado mucha alegría de vernos. De los lugares en los que estábamos de niños. Y de los olores. "El olor a aceituna, de los campos, es el olor de Iznájar, de cuando veníamos de pequeños", explica.

"AQUÍ ESTABA LA CASA DE ANTONIO, Y ESTA ERA LA HUERTA DE LA GRANJA"

Desde el domingo, una escultura recuerda, a modo de homenaje, a las más de 3.000 familias que emigraron hace ahora medio siglo. El Ayuntamiento de Iznájar y la Diputación de Córdoba, quisieron reunirlos este fin de semana en el pueblo, para cerrar los actos conmemorativos del 50 aniversario del pantano.

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