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, 16 de de 2020

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Jesús Santamaría: "La nueva política es la vieja política"

Artículo de opinión del profesor e investigador de la Universidad de Zaragoza, Jesús Santamaría, sobre la gestión de los políticos españoles actuales

El pasado 10 de diciembre, 13 ganadores de los premios Nobel 2019 recogieron sus galardones. Mis favoritos este año han sido los ganadores del Nobel de Química, Goodenough, Whittingham y Yoshino, que obtuvieron un premio merecidísimo por haber contribuido decisivamente al desarrollo de baterías de iones de litio, esas que hoy son indispensables en nuestros móviles, y portátiles.

Seguro que todos hemos oído hablar de los premios Nobel. Pero quizás no todos sepan que, desde 1991, cada año se conceden también los premios Ig Nobel, una especie de parodia de los Nobel (ya que el término podría traducirse como premios “Innobles”) que desde sus primeras ediciones buscaron destacar investigación que “no puede, o que no debería, ser reproducida”. Los premios Ig Nobel suelen otorgarse a investigaciones absurdas o triviales, y entre los más divertidos de este año están el Ig Nobel de medicina, por estudiar “si comer pizza italiana protege del cáncer”, o el de biología, por haber llevado a cabo “estudios magnéticos comparando cucarachas vivas y muertas”.

Con los Ig Nobel los científicos hemos demostrado que por lo menos somos capaces de reírnos de nosotros mismos. Sería estupendo tener algo semejante en política. Los premios Nobel serían para políticos que hayan demostrado logros excepcionales, y ahora estoy pensando en Albert Rivera y Pablo Iglesias, que podrían ganar un Nobel en política por haber conseguido formar de la nada dos partidos que ilusionaron a millones de españoles y que pudieron haber ganado elecciones. Pero también deberíamos conceder premios Ig Nobel a aquellos políticos que nos hagan perder el tiempo con trivialidades irritantes, o que se hayan comportado de manera absurda e incoherente, y ahora estoy pensando en Albert Rivera y Pablo Iglesias, que han conseguido reducir enormemente la representación de sus partidos a fuerza de incoherencias y personalismos, y que han decepcionado a la mayoría de los que les votaron, al demostrar que la nueva política es la misma vieja política de siempre.

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