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Sábado, 28 de Marzo de 2020

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Inmigrantes

Suena por primera vez la voz de los menores migrantes acogidos en Lanzarote

La SER entra en el hogar de acogida temporal de menores migrantes en Lanzarote y accede al duro testimonio de tres de los jóvenes llegados en patera y en avión a la isla en busca de un futuro mejor

Una de las pateras llegadas a la playa de Famara (Teguise, Lanzarote)

Una de las pateras llegadas a la playa de Famara (Teguise, Lanzarote) / Cadena SER

Karim, Jamal y Labib intentan hacer una vida normal en Lanzarote, como cualquier adolescente. Hacen deporte, van al instituto y se mueven por la isla con su abono transporte. La única condición es que lleguen a La Santa a la hora marcada por los educadores. Labib partió de una localidad cercana a Casablanca, tras varios intentos de buscarse la vida en Tánger sin éxito. Karim vivía en un barrio muy peligroso de la ciudad de Fez y vino a Lanzarote huyendo del narcotráfico. “Vivía en una calle muy peligrosa donde había tráfico de drogas, por mucho que yo estudiara, si me quedaba allí, acabaría haciendo lo mismo que mis vecinos y mis amigos”, lamenta.

La historia de Jamal es diferente. Intentó viajar en patera a Canarias sin decírselo a sus padres, con tan solo quince años. Su viaje se frustró porque el patrón les estafó, se quedó con el dinero y el viaje nunca se produjo. Sus padres acabarían usando todos los ahorros de su vida para pagar tres billetes de avión y acompañar a su hijo hasta Lanzarote. Jamal se quedó en Lanzarorte y sus padres se marcharon. Al día siguiente se entregó a la policía. Marta Cantero, directora de contenidos de la SER en Canarias y Nicolás Castellano, periodista especializado en migraciones, analizan en Hoy por Hoy Lanzarote los testimonios de estos tres jóvenes junto a Javi Rodríguez y Marcos Bergaz, consejero de Bienestar Social del Cabildo de Lanzarote. Escucha el programa completo aquí:

A pesar de las dificultades con el idioma, Karim, Jamal y Labib hacen grandes esfuerzos por relacionarse con la gente de Lanzarote, aunque no siempre lo consiguen. “Hay gente que sí nos entiende, pero muchos no nos llegan a entender porque tenemos mala fama. Si quieres preguntarle la hora a una chica, por ejemplo, ella piensa que le vas a violar o a robar”, lamenta Karim. “Muchas veces entramos a una cafetería y ya nos están mirando, tan solo con entrar todo el mundo nos mira y nos observa”, explica Jamal. “El otro día entré en una tienda, estaba mirando una ropa. Todos los trabajadores se pusieron a mirarme, a rodearme. Estaban más pendientes de mí que del resto de clientes de la tienda”, lamenta Labib.

“Intentamos darle una oportunidad a todo el mundo, aunque no nos traten bien. Intentamos hablar con la gente, queremos relacionarnos con la gente. Lo que más me gusta de aquí son las leyes. Si te portas bien vas a recibir el bien. Si te portas mal, recibes tu castigo", explica con inocencia Karim, el más joven. "En Marruecos eso no pasa, hagas lo que hagas solo encuentras el mal y la calle”, añade. “Aunque mucha gente tenga una mala imagen de nosotros, yo intento relacionarme, yo sí quiero hablar con ellos. Quiero aprender el idioma, quiero relacionarme con la gente de aquí”, añade Labib. Así suenen las voces de estos tres jóvenes acogidos en el hogal de La Santa, en Tinajo (Lanzarote):

Estos tres jóvenes son la voz de los cuatrocientos menores no acompañados que han llegado a Canarias en los últimos años, según el Gobierno. Labib es el mediano de una familia de cuatro hijos. Sus padres no tienen trabajo y subsisten gracias al esfuerzo de su hermano mayor, “es mecánico, trabaja para mantener a cinco personas y no puede con todo. Por eso decidí venir, para ayudar a mi familia. En Marruecos no hay futuro”, explica a la SER. Nunca podrá olvidar la noche en que su patera arribó a las costas de Tinajo, en Lanzarote. “Estábamos muy contentos porque nos faltaban pocos metros para llegar, pero el agua estaba muy revuelta y la patera volcó. Nadamos hacia la orilla. Uno de nosotros no sabía nadar y murió. Lo recuerdo cada día”, explica. Su madre pensó que había muerto hasta que una semana después, recibió la llamada de su hijo desde Lanzarote.

Los tres coinciden en explicar que están muy agradecidos por el trato que han recibido en España, a pesar de las dificultades. “Estoy muy agradecido porque a pesar de todo nos han acogido, nos dan de comer y tenemos donde dormir. Nos compran ropa y nos llevan a un instituto. Esas cosas no las hemos recibido en nuestro propio país. A pesar de que tengamos mala fama y nos miren mal, yo estoy más que agradecido”, explica Karim. Reconoce a media voz que echa de menos a su familia, pero explica con resignación que nunca volverá a Fez. Su hermano pequeño está en Tenerife, en un centro de menores. De hecho, Kamal está en Lanzarote por accidente. Vino a Canarias con la intención de llegar directamente a Tenerife y reunirse con su hermano, “pero nos quedamos sin gasolina, el patrón se perdió, no sabía en qué punto estaba. Tuvimos que parar en Lanzarote porque era el sitio más cercano y seguro”, explica.

Jamal intentó viajar en patera a Canarias sin decírselo a sus padres, con tan solo quince años. “Sabía que no iban a aceptarlo, sobre todo mi madre. No puedo decirle que no a mi madre, por eso no le dije nada”, lamenta. “Conseguí el dinero para aquel viaje gracias a mi primo y trabajando mucho”, explica. Pero el viaje se frustró porque el patrón los estafó. “La noche antes de partir le dimos el dinero. Al día siguiente llegamos y el patrón no estaba. Puso la excusa de que iba a venir la policía, pero se quedó con el dinero y nunca apareció”, explica. Nunca le contó a sus padres su proeza, sin embargo, su madre se acabó enterando de la estafa a través de la prensa local. “Hablé con mi padre, se enfadó y se negó a ayudarme”, recuerda.

Marcharse en busca de un futuro era el sueño irrenunciable de Jamal, así que su padre acabó cediendo. Trabajó durante meses y gastó todos los ahorros de la familia en tres visados y tres billetes de avión con destino a Lanzarote, evitando que su hijo perdiera la vida en el mar. Al llegar a la isla, sus padres volvieron a Marruecos dejando a su hijo atrás. “Pasé unas semanas en casa de unos primos lejanos y luego me entregué a la policía”, explica Jamal. El viaje en patera cuesta unos mil euros, los ahorros de toda la vida. Jamal pagó más del doble por llegar a Lanzarote en avión, unos dos mil quinientos euros que costaron el visado y los billetes.

“Ninguna madre va a aceptar que su hijo arriesgue la vida. Mi madre, por ejemplo, me insistió muchísimo para que me quedara, pero yo no quería quedarme allí. Le insistí a mi madre y al final tuvo que aceptar que me marchaba”, llega a decir Jamal, consciente de que algunas personas consideran que su llegada a la isla supone una carga. “Quiero pedir perdón por el hecho de que les pese que vengamos aquí muchos de nosotros, pero poco a poco nosotros también conseguiremos los objetivos, aprenderemos y seremos tan civilizados como ustedes”, explica. “Todos somos diferentes, en ningún sitio todo el mundo es igual. Es lógico que haya personas diferentes entre nosotros”, añade Labib. “Yo pido que nos comprendan, que nos den una oportunidad, poco a poco conseguiremos estudiar, trabajar y aportar en España”, sentencia.

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