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Martes, 31 de Marzo de 2020

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La música callejera suena con incertidumbre

Los músicos callejeros tocan últimamente con la incertidumbre por saber qué será de ellos en un futuro próximo. El Ayuntamiento no concede ninguna autorización desde julio de 2019

Israel, músico de 21 años que toca el violín en la Gran Vía

Israel, músico de 21 años que toca el violín en la Gran Vía / JOAN GIMENO

Es habitual caminar por las calles del centro de Madrid y escuchar música. Música que sale de violines, acordeones, guitarras o de la voz de los cantantes callejeros. Muchos se ganan la vida así, para otros significa un pequeño colchón para el bolsillo y algunos lo hace simplemente por diversión.

Entre todos ellos ha crecido la incertidumbre en estos últimos meses porque la Junta Municipal del Distrito Centro decidió frenar la concesión de autorizaciones a los músicos callejeros el pasado julio. En verano de 2019 se dieron las últimas y al tener una vigencia de seis meses, ahora nadie cuenta con el permiso del consistorio para tocar en la calle.

Team DuoDeno

Carmen y María forman un dúo de violines que ellas califican como “diferente”. Les gusta interpretar canciones ‘pop’ o ‘rock’, “canciones que les gusta a la gente, que son más populares”. Vinieron de Venezuela en busca de una oportunidad como músicas profesionales. Llevan un año y medio tocando en la calle, aunque también forman parte de la Orquesta Metropolitana de Madrid, estudian música y dan conciertos en salas.

Les preocupa no tener autorización para tocar en la calle y consideran que se les está faltando al respeto. “Nos parece abusivo, como músicos no estamos haciendo nada malo. Estamos a favor de una regulación, pero siempre con el respeto con el que nosotras tratamos a las autoridades”.

Carmen y María forman Team DuoDeno y tocan el violín en la Puerta del Sol / JOAN GIMENO

Lo único con lo que cuentan es con una solicitud y con ella pueden defenderse en caso de que la Policía les llame la atención. “Fuimos a renovar la autorización y nos dijeron que con la solicitud podíamos tocar, pero que si un policía nos decía algo teníamos que parar. Realmente es una anarquía”.

Mynor

Mynor es un joven de 27 años al que se le puede ver cantando en la Gran Vía junto a su guitarra. Es costarricense y lleva prácticamente dos años actuando en las calles de Madrid. “Se me ocurrió venir y tocar en la calle porque me di cuenta de que aquí había permiso, aunque ahora está más difícil”. Sin preguntarle por el asunto, él mismo nombra la problemática de las autorizaciones. “Estoy preocupado y muchos de mis amigos también. Dejaron de contestar las solicitudes y ahora mismo estoy tocando en la calle sin autorización con el riesgo de que me puedan poner una multa de 600 euros”.

El joven músico vive de tocar en la calle. Lo hace en tramos de dos horas y luego se cambia de sitio y suele conseguir una buena cantidad. “Por cada tocada de dos horas suelo sacar unos 40 euros, hay días que menos y me toca quedarme más tiempo”.

Mynor, cantante y guitarrista callejero / JOAN GIMENO

Mynor habla de la Policía con respeto, prefiere evitarla y alejarse de una posible multa. “Si ahora viene un Policía trato de no discutir y me voy. Una vez, cuando tenía la autorización, vinieron unos policías, me dijeron que no podía tocar, les enseñé el permiso y aún así me mandaron una notificación a casa”.

Israel

Israel es un chico de 21 años que desde hace poco tiempo toca el violín también en la Gran Vía. Lleva con su violín desde los 9 años, algo que se nota por su destreza. Lo único malo que ve a tocar en la Gran Vía es el ruido del tráfico, de las sirenas de las ambulancias o los pitos de los coches. Le echa muchas horas a lo que él considera su trabajo, “comienzo a las 12 y estoy hasta las 3 y luego vuelvo de 6 a 9”.

El chico de 21 años considera que está “en el aire”. Hizo la solicitud, pero como a todos, no se la han tramitado. “Te dicen que no, pero no te lo dicen directamente, aunque muchas veces solo con la solicitud te dejan tocar”.

Lucas

En la calle Preciados, asoma una voz detrás de una capucha y una frondosa barba. Le llaman el Fantasma del Flamenco, aunque su nombre real es Lucas Puente. Lucas no vive de la música, asegura tener una empresa de gastronomía con la que se gana la vida. Una promesa y un suceso le llevaron a traer su voz desde Buenos Aires hasta Madrid.

Lucas Puente, el Fantasma del Flamenco / JOAN GIMENO

“Estoy en la calle porque es un sueño que le prometí a mi abuelo. Él huyó de la Guerra Civil y se fue a Argentina. Antes de que él muriera le prometí que traería su música a España. Entonces, me ocurrió un suceso, me apuñalaron y decidí que tenía que cumplir la promesa”. Lucas asegura estar contento con el Ayuntamiento de Madrid, dice darle igual si gobierna “la derecha o la izquierda”.

Lucas es optimista cuando se le pregunta por el futuro próximo y por el asunto de las autorizaciones. “La música es música. A veces es verdad que molestamos a los vecinos, que formamos corros y la gente no puede pasar… pero Madrid es Madrid, lo más lindo que hay. Obvio que nos van a dejar tocar”.

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