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Sábado, 29 de Febrero de 2020

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La Recompensa. Capítulo 4

En bici o a pie, ¿qué es lo que no puede faltar en tu mochila?

José Juan Luque y Aristóteles Moreno nos descubren qué llevan en sus mochilas y en qué consiste su alimentación, cuando salen de excursión

La charla de esta semana comienza en torno a una sensanción: evasión.

Caminar por la montaña es la actividad que más me desconecta de todas las que hago. Es como meterse en un túnel”, reconoce Aristóteles Moreno, nuestro experimentado montañero, quien junto a sus compañeros del club Llega como puedas lleva más de 20 años subiendo a algunos de los picos más impresionantes de España. Una sensación compartida, cosa extraña en ambos, por José Juan Luque, cicloturista solitario y amante de pueblecillos a los que llegar por carreteras cuanto más estrechas y reviradas, mejor. “Cuando estoy de ruta los días se multiplican y se hacen eternos, en el mejor sentido de la palabra, porque continuamente están pasando cosas” evoca José Juan, con un brillo especial en los ojos.

Cómo evitar una pájara: fruta vs. palmera de chocolate

Aristóteles Moreno, explica que en la montaña "es fundamental llevar comida que te sobre”. “Yo suelo llevar uvas, que hidratan mucho y dan energía, y unos bocatas para cuando llegamos a la cumbre”. Porque es ahí, o después de haber cubierto el tramo más duro de una etapa, “cuando todo nos reagrupamos para comer”.

La alimentación de José Juan Luque, sin embargo, es, como casi todo en él, mucho más improvisada. “Una vez recorrí 90 kilómetros solo con una palmera de chocolate en el estómago. Iba llegando a pueblos donde todo estaba cerrado.” Reconoce que ese día, entre Cuenca y Teruel, temió sufrir una pájara “que es lo más desagradable que hay”. Un temor compartido por Aristóteles. “Las pájaras en medio de la montaña son un problema porque tienes que seguir sí, o sí”.

Móvil sí, pero en modo avión

Otro de los escasos argumentos en los que coinciden cicloturista y montañero es en la importancia de contar un móvil bien cargado en la mochila cuando sales de excursión. “Pero en modo avión. Sólo lo uso para hacer fotos y avisar cuando he llegado” matiza José Juan, “porque si me entra un WhatsApp, se rompe la magia. Es como un guantazo” añade.

Un móvil y un altavoz “para escuchar musiquita cuando estoy preparando la cena en el camping” son de los pocos artículos que nunca faltan en las alforjas de nuestro cicloturista. “También llevo una cámara, por si pincho, para dársela a alguien y que me la cambie”. De herramientas mejor no hablamos. Ni una mala llave allen. Nada de nada.

Todo lo contrario que Aristóteles, quien reconoce que en su mochila siempre hay lugar para “una luz frontal, una navaja, cacao labial, crema solar y un litro y medio de agua”.

 

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