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Jueves, 20 de Febrero de 2020

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Zeta Zetas, del Recinto al olimpo murguero

El veredicto se conoció pasadas las tres y media de la madrugada tras una memorable final en la que hasta tres murgas hicieron méritos para ganar

Los Zeta Zetas, durante su actuación.

Los Zeta Zetas, durante su actuación. / Cadena SER

Pasadas las tres y media de la madrugada se conoció el veredicto de la finalísima de murgas más reñida de los últimos tiempos. Más que nunca, la gran noche de la crítica se convirtió en una confrontación de estilos ante un Recinto Ferial lleno hasta la bandera y que disfrutó de un espectáculo inmenso. Zeta Zetas compitió con un monumental 'show' para revalidar el Primero de Interpretación, Bambones brindó dos letras exquisitas y Diablos Locos abrió la velada por todo lo alto. Así que el triunfo de cualquiera de las tres formaciones habría sido justo y merecido.

El jurado se decantó por los de Javi Lemus, que ya suman tres entorchados en cuatro años. Hoy por hoy, son los indiscutidos reyes del concurso. Segunda fue la murga trónica en sus bodas de plata y terceros Los Bambones, que se fundieron en un abrazo con la letra y el ingenio en 30 minutos sensacionales.

Fue una final de contrastes, pues frente al magnífico papel de Zeta Zetas, Bambones y Diablos, decepcionó sobremanera Los Mamelucos (patinazo inesperado) mientras Burlonas no estuvo tampoco a la altura de los grandes premios.

En Presentación, el premio gordo fue para Mamelucos, históricamente el plantel que mejor cuida el diseño de sus disfraces. Les siguieron en el podio -por este orden- Diablos Locos, Zeta Zetas y Burlonas. Para los de la Casa del Miedo es su noveno entorchado consecutivo, esta vez con fantasía de Josué Quevedo, quien ya firmó un doblete de premios (primero y segundo) en el certamen de infantiles.

ZETA ZETAS, HEGEMÓNICOS. La noche iba en trayectoria descendente hasta que llegaron ellos, dispuestos a reventar la final. Ya su inicio fue una exquisitez 'made in Richard Casanova', con su particular sinfónica incrustada entre el público. Su puesta en escena volvió a enamorar con la voz del portento Besay; y luego también sus temas a concurso.

Puestos a librar en el escenario su guerra contra los críticos que les afean su estilo visual, hicieron una defensa de la letra que resultó una reivindicación de la A a la Z. Una genialidad que se vuelve sublime con la retahíla del abecedario, en la que mencionan todas las palabras de enfermedades, comportamientos y lacras que querrían desterrar.

Pero lo mejor aún estaba por llegar. El segundo tema de Zeta Zetas es una joya para la historia del concurso que pone los pelos de punta. Su valla publicitaria no empieza con demasiada fuerza (alude a los que apagan los fuegos y luego al papel de la mujer en el fútbol) pero el final es un despliegue de talento extraordinario en el que alcanzan otra dimensión. Y con ellos, el concurso se va al olimpo murguero. En compañía de Darío (de Palante), Manolo Vieira, Kike Pérez y tantos otros, los de Lemus se vuelven arrolladores sobre el escenario. Marcaron un antes y un después en un concurso al que han cogido la medida y del que son hegemónicos triunfadores.

DIABLOS LOCOS, BODAS DE ORO Y PREMIO DE PLATA. La final había comenzado con mucha fuerza y dos grandes temas. Los 'trónicos' del Carnaval chicharrero iniciaron su actuación escenificando el cambio en la dirección (Tomy sustituye a su padre) con magia en las voces y emoción a flor de piel. Dio la impresión de que Masi no se lo esperaba.

El primer tema fue muy notable, recrea un musical en el Congreso de los Diputados con golpes tremendos. Pero les penaliza llevar la interpretación a la política nacional, que pocas veces había funcionado bien en una final de murgas adultas.

La segunda actuación estuvo repleta de giros, magia y golpes de efecto, el más importante al final cuando la murga abandona los micrófonos y canta a voz en grito al filo del escenario. Fue un homenaje al Carnaval en el 50 cumpleaños de una de sus murgas más grandes. Resultó ser uno de los momentos más álgidos de una noche memorable. Pusieron al Recinto en pie. Enamoraron.

BAMBONES, UN ABRAZO A LA LETRA. Una señora murga subió al escenario casi al cierre de una finalísima de muchos quilates. Los de Primi Rodríguez no defraudaron las expectativas y confirmaron lo que ya dejaron entrever el año pasado: no están muertos, sino más vivos que nunca. Tras un pasacalles que provocó el deleite de las aficiones -y que dedicaron de forma especial a Masi Carvajal- llegaron dos temas con letras excelsas, a cada cual mejor.

En su primera interpretación, Bambones recurre a su canción para denunciar que las personas no son "tantos por ciento". El tema deja instantes para visionar una vez y otra en Youtube, así como perlas de esas que luego uno redescubre escuchando el CD. Sobredosis de ingenio que da paso a una producción que ya no era marca de la casa, sino la ratificación de que el concurso -también para los de El Cardonal- ha viajado a otra dimensión.

Los de Primi escenifican el cero energético -un asunto que sorprendemente había pasado por alto la mayoría de murgas en fase y final- hasta quedarse cantando a oscuras. Una genialidad que viene acompañada por los móviles prendidos de toda la grada. Luego recrean los coches encendidos en la autopista y antes, el Ayuntamiento iluminado mientras denuncian la traición de Zambudio a su partido. Final en alto, reivindicando lo que son: una murga enorme que dejó una actuación sobresaliente. Aunque introdujeron brillo lumínico a su repertorio, marcaron distancia respecto a los estilos. Mientras Zeta Zetas trató de ganar el concurso con efectos, ellos abrazaron la letra.

LOS MAMELUCOS DECEPCIONA. Fueron la primera gran decepción de la noche. El público aguardaaba por su versión más comercial pero encontró la más gris en muchos años. Ni tan siquiera todo se les entendió bien. El fiasco fue grande porque de los Mamel's se espera una afinación pulcra y una precisión milimétrica en la explosión de la letra, que esta vez no se produjo.

Jugaron a anticipar acontecimientos en su primera interpretación y el único 'spoiler' que quedó claro desde entonces es que lo tendrían en chino para subirse un año más al podio. El pinchazo en su primer tema tuvo su continuación en el segundo. Fueron cuesta abajo y en ningún momento conectaron. Tampoco cuando en su tramo final buscan el efecto 'levantaplazas' en un Recinto que se quedó a cuadros.

Fue para los de Xerach una noche aciaga en la que nada les acompañó. En teoría el segundo puesto en final era el más propicio para lucirse, pero justamente recurrieron al mismo efecto (cantar sin micros y al filo del escenario) que solo un rato antes Diablos. Y así fue como los grandes aspirantes a desbancar a Zeta Zetas del primer puesto del escalafón dejaron el camino expedito para que otros triunfasen en una final que no les fue nada fácil. Incluso se escuchó un "venga chicos, que no pasa nada"; que si era adrede, no les ayudó a sumar (en las puntuaciones del jurado) sino todo lo contrario.

A Los Mamelucos, murga grande donde las haya, hay que agradecerles sus años de gloria -que lo fueron también para el concurso y el género crítico- porque fueron sencillamente magistrales. Tal vez les ocurriera lo que a los Bambones antaño, que jugaron contra sí mismos y en la comparación con sus versiones anteriores salieron perdiendo.

LOS DESBOCADOS, AL FIN EN LA FINAL. Su gran premio era poder cantar en viernes por vez primera en 11 años de existencia. Era muy complicado mantener el listón de la preliminar y demostraron de inmediato que les iba a resultar imposible. Sus mejores balas ya las habían disparado el miércoles y se notó desde muy pronto.

Su primer tema responde a una temática ya mil veces cantada (incluso en el concurso infantil) y en el que resultan lineales. El segundo sí tiene más chispa. Las matemáticas son el hilo argumental para su calculadora humana, que explota al final con un homenaje a personajes y grupos del Carnaval. Mención aparte merece el 'cameo' de Tomy y Masi Carvajal, que se subieron por segunda vez al escenario y recibieron una cerrada ovación del Recinto.

Deben quedarse Los Desbocados con su muy notable actuación en fase. Ya han roto el cascarón y su presencia en sucesivas finales debe repetirse muchas más veces. Este pase debe darles más fuerza de la que ya siempre tienen.

LA TRAVIATA MEJORA. Tuvieron el hándicap de actuar tras el coso apoteosis que Zeta Zetas había montado sobre las tarimas del Recinto Ferial. No defraudaron en su intento de ser más comerciales, pero fallaron en afinación (no ha sido un año fácil sin 'El Flaco' al mando de las operaciones) y algo les faltó para conectar mejor con el graderío.

Sus dos temas de final mejoran con mucho los de fase, aunque el segundo fue tan arriesgado como poner esquelas y armar un enorme cementerio del Carnaval, al que añadieron a las desaparecidas 'La Opinión' y Radio El Día.

Josechu Álvarez había intentado meter en calor al público con apelaciones continuas a las incomodidades propiciadas por las entradas de pie. Pero ni así lograron que el público se subiese al tren de un repertorio muy notable, con buenos momentos y que debía valer para clasificarles cerca del hemisferio norte de la finalísima.

BURLONAS, INSUFICIENTE. Cantar en el séptimo puesto de una final de ocho era un mal negocio para las de Adela Peña, pues su estilo necesita siempre un público que aún esté ávido de letra.

Irse a parámetros presuntamente más comerciales desfiguró a la única femenina en final. En el primero trataron de emular el tema de las bolas de la lotería, donde fueron interactivas con el auditorio y cantaron a la carta. Pero esta vez pareció muy forzado y los temas sobre los que cantaron resultaron a veces anodinos y tediosos para un Recinto ya saciado.

En el segundo tema escenifican el Cartel de Javi Nóbrega con una precisión extraordinaria en el retrato de sus personajes. Tuvo mucho más mérito el trabajo de cada uno de los disfraces que el de ejecutar una letra sin gancho ni magia. Año tras año nos brindan fases memorables y luego caen en los mismos pecados en final. Pero es que ser comerciales y divertidas no les nace. Ni les sale bien.

LOS TRABACHONES DEJA BUEN SABOR. La murga novel dejó su impronta en su última actuación en concurso. Aunque quedó claro que sus temas con más gancho los habían explotado en la preliminar, los de Yone Expósito exhibieron algunas de las virtudes que ya se les habían visto el martes. Y que ese día les valieron para obtener el pase. Hay madera en este grupo que combina la veteranía de algunos componentes con el ímpetu de otros.

Empezaron con su particular 'síndrome de Truman' -con buenas estrofas de su letrista y director- y finalizaron con el 'congreso de los disgustados', apuesta a la que sacaron punta aunque fueron algo lineales. Sin conquistar al público como sí lo hicieron en su debut, pero con pinceladas que les auguran un futuro prometedor. Ya han roto el cascarón de las fases y ese es su primer gran éxito.

ZETA ZETAS. La noche iba en trayectoria descendente hasta que llegaron ellos, dispuestos a reventar la final. Ya su inicio fue una exquisitez 'made in Richard Casanova', con su particular sinfónica incrustada entre el público. Su puesta en escena volvió a enamorar con la voz del portento Besay; y luego también sus temas a concurso.

Puestos a librar en el escenario su guerra contra los críticos que les afean su estilo, hicieron una defensa de la letra que resultó una reivindicación de la A a la Z. Una genialidad que se vuelve sublime con la retahíla del abecedario, en la que mencionan todas las palabras de enfermedades, comportamientos y lacras que querrían desterrar.

Pero lo mejor aún estaba por llegar. El segundo tema de Zeta Zetas es una joya para la historia del concurso que pone los pelos de punta. Su valla publicitaria no empieza con demasiada fuerza (alude a los que apagan los fuegos y luego al papel de la mujer en el fútbol) pero el final es un despliegue de talento extraordinario en el que alcanzan otra dimensión. Con la compañía de Darío (de Palante), Manolo Vieira, Kike Pérez y tantos otros se vuelven arrolladores. Marcaron un antes y un después en un concurso al que han cogido la medida y del que son hegemónicos triunfadores.

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