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Domingo, 23 de Febrero de 2020

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Cuando la falta de coraje es más grave que la de profesionales

Apelar a la falta de médicos para justificar las deficiencias de la asistencia sanitaria en el medio rural solo revela o falta de un proyecto a largo plazo o falta de coraje para llevarlo a cabo

Elena Lastra

No nos vuelvan a decir que faltan médicos. De sobra lo sabemos. Es en nuestros pueblos donde se han suprimido las consultas periódicas porque un solo facultativo tiene que cubrir la vacante de dos. Y son nuestros niños a los que se les cita diez días después de pedir una consulta. Así que no nos expliquen lo que sufrimos a diario en primera persona. Porque si tienen tan claro el problema pero no aportan soluciones, una de dos: o no tienen ni idea de cómo hacerlo o lo saben bien pero no tienen el coraje de llevarlo a cabo porque se temen lo impopular que va a ser.

La esperanza que generaba este verano un nuevo equipo de gestores de la Sanidad pública con la mejor médica del mundo a la cabeza ha comenzado a desmoronarse poco más de medio año después por unas actuaciones públicas en las que sobran globos sonda y genialidades, que pueden estar sacadas de contexto, pero dicen poco a favor de la seriedad de las propuestas. Y no ayudan en absoluto a que la población tenga confianza en esta nueva etapa las rectificaciones y cambios de criterio continuos en asuntos sensibles, en los que la Consejería parece actuar movida en cada momento por la presión de quien más vocea, por no hablar de la ausencia de propuestas de calado para atajar los problemas más graves, sustituidas por la política del pan para hoy y hambre para mañana.

Así que, por favor, no nos cuenten lo que ya sabemos. Sean valientes y asuman las riendas. Probablemente no nos guste a nadie o a casi nadie lo que tengan que hacer, porque los médicos no se pintan ni se consiguen de un día para otro, y mientras falten habrá una inevitable reducción de servicios, al menos tal y como los conocemos. Y aunque propongan cosas mejores y más eficientes, siempre tendremos la resistencia al cambio. Dejar vacía una consulta, incluso con datos en la mano que demuestran que con otra organización las cosas podrían funcionar mejor, no va a ser fácil de admitir. Así que es probable que no les vayan a ayudar a tomar las decisiones que verdaderamente hacen falta ni una población recelosa de los recortes y dolida por el abandono, ni unos alcaldes que presionarán a sus partidos para que no haya ni un cambio en el que perciban un paso atrás, ni unos profesionales que ya están cansados de tirar del carro y de que se les pida un poco más, siempre un poco más. Por no hablar de que la oposición se frotará las manos y los sindicatos no moverán ni un milímetro sus posiciones para facilitar las cosas, porque, no nos engañemos, están para defender los intereses de los profesionales, no los de la población en general. Probablemente la avalancha de críticas y de incomprensión sea abrumadora. Pero están en su puesto para encontrar soluciones, no para recibir parabienes. Y ambas cosas deberían haberlas sabido desde el principio, desde el momento que asumieron la responsabilidad de asistir un enfermo crítico. No nos vale con el paracetamol de tender la mano para escuchar sugerencias ni con la aspirina de recomendar paciencia. Hace falta meter el bisturí hasta el fondo, por mucho que duela. Y la herramienta está en sus manos.

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Cadena SER

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