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Sábado, 29 de Febrero de 2020

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De las plagas bíblicas al coronavirus

Una de las más conocidas plagas bíblicas tienen de protagonistas a las langostas. Los cambios de temperatura y humedad provocan que las langostas se agrupen y desarrollen un insaciable afán depredador. En Córdoba sufrimos alguna de estas plagas: en el 845, en el Valle de los Pedroches em 1546, la más destructiva en 1755 y la más reciente en 1939.

Hemos conocido a lo largo del tiempo, de forma recurrente o novedosa, diversas epidemias: cólera, malaria, ébola o la rara enfermedad denominada "encefalopatía espongiforme bovina", popularmente conocida como la enfermedad de las "vacas locas". La pandemia más mortal que la historia reconoce sucedió en Europa durante el siglo XIV (1347-1352), la conocida como la "peste negra". Era transmitida por una pulga a través de las ratas. De ahí saltó a los animales domésticos, a los enseres, a la ropa y a las personas. No había forma de escapar. Se dieron diferentes reacciones ante la tragedia. Un grupo notable de fanáticos, los "flagelantes", peregrinaban de ciudad en ciudad asegurando que la enfermedad era un castigo divino; otro grupo, más moderno, reaccionó de manera ligera e indolente afirmando el "Carpe Diem" (¡Aprovecha el momento!), sumándose alegremente a la idea de disfrutar el momento porque iban a morir pronto; el tercer grupo, más cauteloso, se apropió de la expresión desarrollada por la Universidad de la Sorbona "cito, longe fugeas et tarde redeas" (huir pronto, lejos y volver tarde), una verdadera reacción de precaución y prevención.

Desconozco a qué grupo se sumarían ustedes. Lo que les sugiero es que el miedo al contagio no se transforme en el contagio del miedo.

 

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