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Sábado, 29 de Febrero de 2020

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Fournier, siglo y medio de juego

Visitamos las instalaciones de la firma en su 150 aniversario y comprobamos cómo se fabrican los naipes que llevan el nombre de Vitoria a 70 países del mundo

Instalaciones de Fournier en el polígono industrial de Gojain.

Instalaciones de Fournier en el polígono industrial de Gojain. / FOURNIER

Escucha aquí la visita que hemos realizado a Fournier, la fábrica en Gojain (Legutiano) de la histórica firma alavesa que cumple en este 2020 siglo y medio de camino.

Recordamos su trayectoria y curiosidades y conocemos el proceso de fabricación de los naipes de la mano de Diego Ruiz de Gauna, su responsable de Marketing. Nos acompañan, además, José María García Delgado -empleado jubilado- y su hija Estíbaliz, que trabaja actualmente en la casa.

1870. Sí. Ese fue el año en el que Heraclio Fournier compró a su cuñado y hermana el taller de impresión que habían puesto en marcha tiempo antes en la Plaza de España de Vitoria. La fecha se confirmó hace poco, cuando un investigador localizó un documento que desmentía la referencia que se manejaba hasta el momento: 1868. La confusión venía por una baraja que localizó Félix Alfaro Fournier en uno de sus viajes; en ella constaba esta fecha errónea. Tampoco era cierto que a Heraclio la vena impresora le viniera de familia parisina. Los suyos a lo que se dedicaban era al pan, con unos cuantos molinos de cereal en Burgos.

Innovador y detallista, Heraclio se lanzó al mundo del naipe en 1877. En el diseño de la primera baraja participó el pintor Díaz de Olano.

Del taller de la Plaza de España, la fábrica se fue trasladando hacia las afueras de la ciudad. Dio varios saltos. Ha terminado en Legutiano, en el polígono de Gojain.

En siglo y medio han pasado muchas cosas: reconocimientos internacionales, crisis, desaparición de la división de artes gráficas... Este año, la firma se integra en Cartamundi (Uno, Trivial, Monopoly).

Cuando en Fournier eran 1.000

José María García Delgado -35 años en la empresa- recuerda cuando allá por el año 64 entró a formar parte de la plantilla de Fournier. Eran más de 1.000. Sobre todo mujeres. Él participó en la puesta en marcha en Alepo (Siria) de la única 'fábrica réplica' Fournier fuera de Álava. Cuenta que aquello era un palacio, donde convivían trabajadores musulmanes y cristianos. Ya no queda nada. Arrasado. La guerra.

Ahora, al revisitar las instalaciones de la empresa, le llama la atención lo reducido de la plantilla. La tecnología ha sustituido muchas de las labores manuales. Los perfiles profesionales han cambiado mucho. Su hija Estíbaliz, por ejemplo, entró en un momento de cambio informático. Pero hay cosas que se mantienen: ella recuerda las barajas de familias del mundo con las que jugaba de niña y que hoy se siguen produciendo. 

Los naipes

Dicen que está probado: las Fournier se barajan 100 veces más que cualquier baraja de la competencia. La materia prima, la impresión y el barniz -fórmula secreta- son la clave.

Al año se producen 9 millones de barajas. 1.500 referencias. Muchas de ellas para casinos; todo un mundo aparte. Aunque los parámetros de calidad son iguales para las cartas domésticas que para estos centros de juego, las exigencias son muy distintas. Para los casinos hay tintas especiales -algunas se elaboran en colaboración con la Casa de la Moneda- almacenes de seguridad, empaquetado con mil garantías, envíos con férreos controles, etc.

150 años después Fournier sigue en juego, ahora con productos vanguardistas como cartas marcadas con una especie de código de barras para sesiones de casino on line y toca pensar en los naipes del futuro con tecnología asociada, por ejemplo, al teléfono móvil.

 

 

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