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Martes, 02 de Junio de 2020

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Qué duda cabe

Muertes curiosas II

Buenas tardes, queridos oyentes, la semana pasada comencé un repaso de las muertes más absurdas de la historia y hoy vamos a seguir, porque como saben, vamos a morir todos, así que mejor quitarle hierro al asunto.

Comencemos por el Rey Adolfo Federico de Suecia falleció en 1771 a la edad de 61 años a causa de un empacho después de comer una cena con el siguiente menú: langosta, caviar, chucrut, sopa de repollo, ciervo ahumado, champaña y catorce platos de su postre preferido: semia, relleno de mazapán y leche. Vamos, lo que en Galicia llamamos una boda cutre. Pero se ve que no le sentó muy bien al rey Adolfo, que la diñó con el estómago lleno.

Jerome Irving Rodale, uno de los pioneros de la comida sana e impulsor de la agricultura ecológica, dijo con rotundidad que podría llegar sin problema a los 100 años a no ser que fuese atropellado por un coche. Cuando tenía 71 años, en un talkshow de televisión, murió de un ataque al corazón. Está claro que no contaba con los nervios de salir por salir en la tele.

Y una última muerte absurda por hoy: Allan Pinkerton, que fue el creador de la primera agencia de detectives del mundo, allá por 1884 se mordió la lengua, se infectó y le llevó a la tumba. De ahí que cuando hablamos de alguien muy cotilla decimos eso de "si se muerde la lengua se envenena".

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