Sábado, 27 de Noviembre de 2021

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La historia de Beatriz Galindo, "La Latina" que da nombre al barrio de Madrid

Beatriz Galindo fue profesora de las hijas de Isabel la Católica, a quienes enseñó lenguas clásicas. Y mucho más. En este 8 de marzo, Espido Freire nos recuerda a una salmantina que dejó su huella en la capital

Hay un capítulo entero de historia en cada barrio de Madrid, y una página notable en el de La Latina, un barrio nombrado por una mujer; es más, por una intelectual. En el breve espacio entre el Renacimiento español y el cierre de fronteras de la Contrarreforma, se dio un cambio educativo importante entre la más alta aristocracia. Las hijas de Isabel la Católica, destinadas a los tronos europeos, hablarán y escribirán buen latín, leerán griegos, conocerán de filosofía y de retórica: sus maestras, a su vez, habrán sido un puñado de mujeres bien formadas, hijas muchas de ellas de preceptores, niñas prodigio en su campo, conocedoras del mundo antiguo y de las normas de la corte. Mujeres ridiculizadas, como lo han sido siempre las que deseaban estudiar o querían saber.

Entre ellas encontramos a Beatriz Galindo, La Latina: nacida en Salamanca, en 1465, eludió el destino habitual de las mujeres con facilidad para el estudio, el convento, quizás a su pesar. Fue amiga y consejera de Isabel de Castilla, y sin duda formó a sus hijas en lenguas clásicas. En los últimos tiempos sus conocimientos y su puesto han sido cuestionados; ella misma se consideraba una simple Moza, o Criada de la Reina. Algunas voces contemporáneas indican que se exageraron su formación y su conocimiento, y que no pasaba de conocer la lengua y de ser una mujer ilustrada, con la principal virtud de haberse ganado la confianza de la reina. En un día como hoy, el que resten méritos a una mujer destacada suena a historia ya contada en infinidad de ocasiones.

De este grupo de mujeres sabias, o Puella doctae, la que logró mayor influencia fue La Latina, y mis predilectas, las hermanas Sigea. Como ocurre con otros autores clásicos, su obra se ha perdido casi en su totalidad, y la conocemos por menciones o por su influencia. A la Latina se le atribuyen unos Comentarios a Aristóteles, y unas Notas sobre autores clásicos. Se conservan su Testamento y un par de cartas. Obras contundentes, de latinista y de gramática que desea transmitir un método y una visión del mundo. Bien casada por la reina, madre de dos hijos a los que sobrevivió, la fortuna que La Latina acumuló solo en bienes inmobiliarios da fe del destacado poder que consiguió.

Que pese a ello y aún siglos después tras su muerte goce de buena reputación se debe quizás a una estrategia común en la época, y que en su caso se probó eficaz: donó su fortuna a los pobres de Madrid, para los que había construido previamente un hospital, además de dos conventos: si se dan una vuelta por el Museo de los orígenes de Madrid, verán su cenotafio y el de su esposo, Francisco Ramírez, muy cerca del pozo del milagro de San Isidro. Una página escrita en alabastro y mármol, y en la memoria, sin otra cosa a la que aferrarnos más que al prestigio y el recuerdo.

Espido Freire

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