Corona y miedo
Carlos Jurado

Jerez de la Frontera
Es difícil sustraerse a la realidad y no hablar del coronavirus.
Lo intentaré a medias, con una reflexión sobre el miedo y su generatriz; la desconfianza.
La actual crisis del llamado COVID-19 tiene todos los ingredientes para una profunda y útil reflexión, una lección autocrítica que no debemos soslayar.
Parece increíble que este sistema atiborrado de organismos, caros e inacabables, haya sido sometido por un bichito desgreñado. Para qué sirven tantas gaitas.
También, junto al virus y los quebrantos vitales que está produciendo está el miedo; casi pavor. Y el miedo existe por pura desconfianza. Y la desconfianza se genera a partir de la improvisación, la incongruencia y la mentira.
No parece razonable que se encabecen manifestaciones y al día siguiente se prohíban las reuniones. Ni tampoco, que teniendo el espejo de Italia, se tomen medidas inconsistentes y tardías. O que la ciencia no sea capaz de anticiparse para evitar esta película imposible de ciencia ficción.
Así es fácil que la gente desconfíe. Y que un mensaje político de tranquilidad se traduzca en miedo. Y que hablen de un desabastecimiento imposible y se corra a vaciar los supermercados.
Las conclusiones son que vivimos sostenidos en un montaje frágil que ha sido vencido por un minúsculo bichito y que quizás debiéramos elegir más juicio y menos palmito.




