Dedos que crean arte
La arandina Patricia Arauzo se ha convertido en una pianista de renombre. Conocemos su historia y su gran evolución, tanto musical como personal

Aranda de Duero
La Ribera del Duero es una tierra excepcional. Guarda un patrimonio fuera de lugar, una gastronomía exquisita, y unas gentes extremadamente agradables y trabajadoras. También con mucho talento. Es el caso de Patricia Arauzo, una pianista arandina que no hace música, hace arte. Porque así podría considerarse, por mucho que ella no le dé esa interpretación. Ha ganado una cátedra de piano en el conservatorio de Sevilla y es una de las pianistas más reconocidas de la geografía española.
A Patricia esta vena musical le viene "desde los cinco años". Desde sus inicios esta pianista ha tenido su estrecha relación con el mundo de la música, que ha supuesto algunos sacrificios personales y familiares, como cuenta la propia artista en la entrevista que manteníamos este jueves en los micrófonos de la SER. "Mi familia ha tenido mucho que ver en todo esto, yo a los 12 años ya me iba a Valladolid para estudiar piano y mi padre tenía que llevarme y traerme... hubo mucho más sacrificio por parte de ellos que mío", añade.
Patricia, con 22 años, se marchó a Budapest tres años en una nueva etapa que recuerda "con un cariño inmenso, no solo por los profesores que tuve allí que son de los mejores, sino también por la cultura del país... cada día había una oferta cultural excepcional", relata.

Patricia Arauzo / Michal Novack

Patricia Arauzo / Michal Novack
Con el tiempo la ribereña ha ido creciendo, más y más, hasta convertirse en una pianista de renombre que forma parte del Trío Alborada, o del dúo que crea con el violinista Alejandro Bustamante. "No puedo elegir ninguna de las opciones que habitualmente hago porque me gustan todas", apunta, recordando que tiene pendiente una gira por Cantabria, conciertos en Madrid, Barcelona o Cáceres, y un contrato con una de las discográficas más punteras del mercado.
Y es que Patricia ha demostrado que a través de sus manos es capaz de expresar arte, de ilusionar y emocionar. La música es un vehículo que transmite sensaciones. Y orgullo. Tanto o más que el que tiene la familia de esta artista, que seguirá contemplando, atónita, el crecimiento de esta pianista de calado internacional, que nunca ha olvidado ni olvidará su tierra. Su lugar. Su gente. Y sus inicios, que no fueron sencillos, pero que han labrado este presente y futuro esperanzador.
En la parte superior de esta información puede reproducirse la charla que manteníamos este jueves con Patricia en Hoy por Hoy Aranda.
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