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Jueves, 09 de Abril de 2020

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La Columna de Rafa Gallego

El agua de Veguellina

Solo me permito pensar en cosas puras. Me ocurre desde que la semana pasada me tomé un vaso de agua en un bar de Veguellina, es como que la pureza de esa agua me hubiera infectado completamente.

Tengo esa infección. Me cuesta prestar atención a opiniones interesadas y la verdad es que no dejo de sorprenderme por la manera en que una especie de sensor invisible me avisa de la pureza de una opinión, un sentimiento, una situación. Hasta los deseos más impuros, si son puros en su impureza, me resultan admisibles, porque de lo que te hablo no es de un juicio moral, sino de una condición. Ayer me llegaba un vídeo grabado por un amigo transportista. Se le veía sentado al volante después de comer, porque como todos los bares están cerrados, tienen que comer sin salir de sus furgonetas o de sus camiones. Estaba cansado, enfadado, triste. Hablaba de España, del gran país que somos y lo hacía desde la más absoluta pureza, después de comerse la lasaña que había traído en un táper. Y terminaba su vídeo diciendo: “no os preocupéis, porque mientras estemos en la carretera, no os va a faltar de nada”.

Y a mí casi me entraron ganas de llorar por la belleza de su acto heroico, por el afecto puro. Aún ahora, que lo recuerdo, me enciendo en esa pureza de sentimientos y pienso que lo que nos tiene que quedar de todo esto, además de un aire más limpio —déjame que diga un aire puro—, es la seguridad de que comprendemos la importancia de parar. Parar para restañar. Y luego seguir con la mirada pura. No te digo que te pares a pensar en lo importante, porque eso es difícil de definir, pero sí que hagas un esfuerzo por tomar las cosas en estado puro, que eso tus células lo identifican.

No te dejes engañar más. Si se quedan las orquídeas en los despachos, si se almacenan las carpetas en los pupitres, si se vacían los estantes de la tienda, si los muchachos que caminan solos junto al río son detenidos por la policía y los centros de trabajo en los que no se trabaja permanecen abiertos por mandato de la superioridad; si la pureza del miedo es de tal calidad que te agota, búscate en la sonrisa, en la ocurrencia pura, en el amor que nos tienen y el que nosotros tenemos. En estado puro.

Detectar otra vez lo que has pensado antes de que lo digas, saberte en la distancia cercando mi soledad angustiosa del encierro, comprender el mundo nuevo que nos deja limpio y puro este colosal desbarajuste es una pura bendición, ya lo sabes. Yo agradezco mucho que exista whatsapp, porque nos está ayudando en esta circunstancia, pero agradezco más la posibilidad de apagar el móvil y sentarme a mirar la realidad con la mirada pura de cuando tenía catorce o quince años y todavía era posible cualquier cosa. Esa mirada que, a veces, me descubres como quien bebe agua pura en un bar de Veguellina.

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