"Palmas que echaban humo', por Pepe Belmonte
Escucha el 'micomentario' semanal del catedrático de Literatura para el programa Hoy por hoy

El estado de alarma se alargará, como mínimo, hasta el 11 de abril / Getty Images

Murcia
Hasta de lo malo se aprende. Por lo menos algunos. Lo cierto es que durante estos días, de poco vino y menos rosas, estamos asistiendo a escenas verdaderamente emotivas y entrañables. Dignas de admiración.
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Micromentario / Pepe Belmonte (23-03-20)
Nada extraño, si bien se mira, en una región como la nuestra caracterizada, desde antiguo, por su solidaridad ancestral.
Han sido muchos años, siglos y siglos de aprendizaje con las malditas inundaciones, las avenidas del río Segura y sus afluentes, en donde nos hemos tenido que emplear a fondo y sacar a relucir nuestro lado más humano, esa fuerza y esa ternura que todos llevamos dentro, aunque a veces tarde en despertar.
Durante estos días de reclusión obligada, hemos podido observar en las Redes Sociales, en la tele, en la radio y en el resto de medios de comunicación, escenas que resultan verdaderamente emotivas, para enmarcar y que sirvan de ejemplo a las generaciones venideras.
Vecinos que, desde sus ventanas, aplauden a rabiar a un panadero que compromete su salud para que tengamos su producto bien fresco, en la puerta de nuestra casa, como si nada estuviera sucediendo, dando así una sensación de normalidad, de la que vida sigue… a pesar de todo.
Por no hablar del cuerpo sanitario, de todo el personal –desde el conserje hasta el jefe de la plana mayor– que a veces se compromete más de lo debido y se implica más allá, incluso, de lo que le corresponde.

Pepe Belmonte, catedrático de Literatura de la Universidad de Murcia / Cadena SER

Pepe Belmonte, catedrático de Literatura de la Universidad de Murcia / Cadena SER
Hemos visto –y confieso haberme emocionado– cómo se le dedicaban largos y merecidos aplausos, palmas que echaban humo.
Admirable, cómo no, la labor de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de nuestro ejército a los que algunos tontucios, que se pasan las órdenes por el forro, se lo están poniendo francamente difícil.
Y sombrerazo para esos otros personajes, esos héroes anónimos de los que poco se habla. Me refiero a la gente del campo, de las fábricas y de las empresas que son, si se paran ustedes a pensar un instante, los que tienen en sus manos que no falte de nada en los supermercados.
En resumen, una verdadera cadena de solidaridad a prueba de bombas y de otras cosas peores, que algunos políticos están empeñados en ensuciar a base de críticas contra los que gobiernan, en vez de arrimar el hombro, que es lo que ahora toca.
Tendremos ocasión de recordarles esa actitud un tanto mezquina cuando pase la tormenta y vuelva la calma. Como dijo el clásico, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague.
Pepe Belmonte




