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Lunes, 06 de Abril de 2020

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DE PUERTAS ADENTRO

Cambio de sentidos

Los cinco sentidos de Jacques Linard.

Los cinco sentidos de Jacques Linard. / Cadena SER

Suena una trompeta versionando ‘We are the champions’ desde un balcón. En otras circunstancias, en otra época, en otro mundo... quienes lo hubiesen oído habrían meneado la cabeza. Los más fanáticos habrían sacado a relucir el cabreo que se estaría pillando Freddy Mercury, allá por donde quiera que ande su alma.

A la hora de la cena, entra por la ventana un intenso olor a sopa y a tortilla de papas. En otro momento, en otra noche, en otra realidad, los vecinos habrían arrugado la nariz con petulancia. Cualquiera de nosotros habría escupido un insulto desabrido sobre esos que nos inundan la casa de “peste a fritanga”.

Mucho antes del alba, pasa la cuba fregando la calle y trepa por la fachada el vaho del desinfectante. Se nos instala con todo el descaro en la almohada áspera por los lavados miedosos del confinamiento. Y nos desvela. En otra madrugada, al salir de otro sueño, bellos y bellas durmientes habríamos refunfuñado, indignados por el ultraje.

Ya con buena luz nos sentamos a tomar café con pan de hace 5 días. En otro despertar, en otro desayuno, en otra mesa, habríamos clamado quizá por croissants calientes.

Las pantallas se llenan de videollamadas algo ineptas. En otros ratos, con otras prisas, habríamos protestado exasperados por la escasa pericia de los mayores. Y desistido de intentar explicarles que para vernos tienen que separar la cámara.

Pero no es antes, es ahora. En otro orden cósmico, otro paradigma, otro universo...

La cuarentena ha inaugurado el reino del dios de las pequeñas cosas. Un imperio con jerarquías nuevas.

Y como la trompeta sale a la hora de los aplausos, todos atendemos al concierto. Porque suena a juntos, porque suena a victoria, porque suena a fuerza.

Y el aroma de la cazuela nos hace olisquear y sonreír, y las lentejas cobran nueva dignidad. Porque huele a hogar, porque huele a abuelas, porque huele a siempre.

La aspereza que deja la lejía reconforta hoy más que hace un mes cualquier colcha de terciopelo. Porque lleva el tacto de lo limpio, de lo seguro, de lo correcto.

Observamos la barra reciclada en la tostadora sabiendo que será un manjar en cuanto se le derrita encima un poco de mantequilla. Porque sabrá a solidaridad y a encierro responsable.

Los planos de cejas, barbillas, dedos y melenas sin peinar son obras maestras del séptimo arte. Los viejitos son genios autodidactas. ¡Mil vivas por su manejo de la técnica! Porque los vemos en casa, porque los vemos sanos, porque nos vemos todos.

En ese dominio que acabamos de empezar a habitar, con frontera en la cara interna de las cristaleras y en el dintel de la puerta, celebramos otros ritos. Adoramos lo que se ve tan menudo, lo que huele a cotidiano, lo que sabe a vida.

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Cadena SER

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