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Coronavirus Covid-19

"Me dijeron que en dos días llegarían los resultados, pero nunca llegan"

Mar lleva dos semanas esperando saber si tiene coronavirus

Dispositivo sanitario de la prueba test del PCR para detectar la infección por coronavirus a las personas desde su coche, instalado en el recinto de aparcamiento del centro de salud de la barriada La Roca, en Málaga.

Dispositivo sanitario de la prueba test del PCR para detectar la infección por coronavirus a las personas desde su coche, instalado en el recinto de aparcamiento del centro de salud de la barriada La Roca, en Málaga. / Álex Zea (Europa Press)

La Comunidad de Madrid invitó a los ciudadanos con síntomas de COVID-19 a notificar sus casos sospechosos a través de un número gratuito. La Cadena SER ha recogido el testimonio de algunos de ellos, que describen un auténtico laberinto burocrático en el que algunos todavía no han encontrado la salida.

Mar comenzó a encontrarse mal el fin de semana del 6 al 8 de marzo. Había quedado con cuatro amigas para cenar. De ese grupo de cinco, cuatro han desarrollado síntomas compatibles con COVID-19. Compatibles porque Mar no sabe a día de hoy si está infectada. A tres de sus amigas ya se les ha complicado el cuadro clínico y tienen neumonía. Mar cruza los dedos.

Es todo lo que puede hacer, a parte de llamar machaconamente al 900 102 112, para preguntar por sus resultados. “El día 10 vinieron unos señores con escafandra a hacerme el test”, cuenta la mujer. “Me dijeron que en dos días tendría los resultados, pero nunca llegan”, relata enfadada la mujer.

Mario es su compañero de trabajo y desarrolló los síntomas de forma prácticamente paralela a Mar, antes de que se declarara el estado de alarma. A él le acaban de llegar los resultados: positivo. Han tardado 13 días en dárselos. “He estado llamando al teléfono 900 y siempre me decían lo mismo: que ya los recibiría”, dice.

"Me decían", asegura resignado, "que tenían que priorizar los casos urgentes”. Los dos han asistido durante su desesperante espera a un carrusel de positivos y negativos de figuras públicas, algunos sin síntomas. También a varios cambios de criterio sobre quién debía someterse a las pruebas.

Ahora Mario ya sabe que tiene el coronavirus. En realidad le han confirmado que ha tenido coronavirus, pero desconoce si sigue siendo portador a día de hoy. Está asintomático y la duda es si está curado. No lo sabe, ni probablemente lo sabrá, advierte Mar. Ella sigue “con una tos de caballo”, que resuena en casa junto a la de su hija. Ha preguntado si le harán una prueba para descartar que es contagiosa.

“Me dijeron que si llevo de tres a cinco días sin fiebre es que estoy curada”, se queja. “Todo esto me produce un desasosiego tremendo y unos nervios impresionantes”, confiesa la mujer.

La Cadena SER ha conocido de primera mano experiencias de pacientes a los que, ya confinados, se les ha llegado a pedir que acudieran a su centro de salud a recoger presencialmente los resultados. O que llamaron al 900 102 112 para comunicar que eran un caso sospechoso y les aseguraron que un médico les llamaría para hacer seguimiento telefónico. Nunca han recibido esa comunicación.

11 días después, la respuesta que reciben al otro lado es que “está en lista de espera”; o “prueba a llamar a tu centro de salud”. Una opción que ahora se ve limitada con la reorganización de la Atención Primaria y que la Consejería de Sanidad no termina de concretar cómo va a hacer.

Desde ese departamento no hay respuesta a las demoras en la comunicación de resultados. “No conocemos casos concretos”, dice un portavoz de la Consejería, que dirige el popular Enrique Ruiz Escudero. A Irene, tras mucho preguntar, le respondieron en su centro de salud “que faltan reactivos”.

Ella es pediatra en la capital y ha estado doce días aislada hasta que le ha llegado el resultado: negativo. “Yo vivo sola, no podía salir ni a hacer la compra”, relata la sanitaria. “Ha sido duro. Todo el día dándole vueltas desde casa a lo que podrías estar haciendo, a cómo podrías ayudar”, cuenta impotente.

“Confinada para nada”, se lamenta. Un par de frases suyas justo antes de colgar el teléfono ilustran esa espera desesperante. Iban precedidas de un “gracias por lo que estáis haciendo estos días”. La respuesta de Irene fue seca, amarga: “A mi no me des las gracias, no me han dejado ni empezar”.

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