Un sin Dios
Rafael Benítez Toledano

Jerez de la Frontera
Esta columna la escribo en primera persona, aunque a mí siempre me quedará el respeto, el ansia y la búsqueda infinita de aquello que disfrutan los creyentes.
Contra lo que se pueda pensar estos son malos tiempos, muy malos, para los sin dios que hacen bandera de su falta de fe, escarnio de la religión y burla de los piadosos.
Bajo el manto de esta tragedia colectiva se guarecen, además, miles de dramas personales y familiares sin abrazos, despedidas a solas y duelos congelados. Una catástrofe difícil de conllevar sin la compañía del dogma, un infierno si le añades una carga de mezquindad, malicia y frivolidad.
Pronto será Domingo de Ramos y habrá palmas, aunque no las veáis, por las calles de mi pueblo de dolor compartido en los balcones. Buen día este viernes para recordar los versos de mi desgracia, que un día dediqué a un buen amigo.
PREGÓN SIN FE
A ti Dios de mis padres que no olvidas
A aquellos que te amamos sin creerte,
Que lloramos la duda de tu muerte
Y el amargo vinagre de tu herida.
A nosotros los dueños de la ofensa
De no saber de ti, los que sangramos
Por la pregunta enorme de tus manos
Y la llama tenaz que te atraviesa.
A mi que soy el dueño de una vida
Sin saetas ni esparto en la cintura,
Ni la cera amarga de la recogida.
A mi que te contemplo por mi calle,
Ofreciendo tu luz y tu agonía,
Al fin hombre a mi que no soy nadie.




