Sábado, 19 de Septiembre de 2020

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"Me decía: aguanta, estás viva", la dura lucha de Loly contra el coronavirus

"Mi nieta me dice, abuela, cuando se vaya el bicho lo primero que voy a hacer es abrazarte", cuenta Loly, que lucha contra el coronavirus a sus 52 años. "Esto es muy duro, pero la vida es muy bonita, tenemos que resistir", explica a la SER

Loly González pasa el día en su habitación sola, con los muñecos de su nieta, los libros y la radio

Loly González pasa el día en su habitación sola, con los muñecos de su nieta, los libros y la radio / Cadena SER

Loly González agradece cada nuevo día que amanece, "atrás queda el ardor, las pocas horas de sueño, hoy volvió a amanecer y será un gran día, lo sé, así me lo digo cada día", explica visiblemente emocionada. Hace más de un mes que no sale de su habitación. A sus 54 años ha superado un ictus y varios tumores. Sin embargo, nunca imaginó que lo más duro estaba por llegar. "Me levanté un día con fiebre, tos y dolor de cabeza, ni se me pasó por la cabeza que pudiera ser el coronavirus", explica. Entonces empezó la batalla que todavía hoy está librando. "Un compañero de trabajo de mi marido le avisó de que había estado en Madrid y que tenía el bicho, mi marido me dijo: nena, tenemos que llamar, yo le respondí, ¡qué va!, yo no tengo eso", relata Loly en los micrófonos de Hoy por Hoy Lanzarote.

Loly empezó el protocolo de aislamiento y control de temperatura diariamente bajo la supervisión telefónica de su médico de cabecera y su enfermera. "Esto iba empeorando cada vez más y más, me asifixiaba por la noche, seguía con fiebre y tos, hasta que la doctora me dijo que tenía que ir al hospital", relata Loly. Aquel fue sin duda el peor momento, "fue un día muy duro porque no sabía si iba a volver, es muy duro, tenía que ir sola, no podía llevar nadie, ninguna ambulancia podía venir a buscarme, no podía conducir, al final fui en taxi", relata con la voz rota. "Abandonar mi casa fue muy duro porque no sabía si regresaba", sentencia. Loly no puede describir la emoción que sintió al reconocer en la sala de triaje a su mejor amiga, una enfermera que casualmente trabajaba esa tarde, "eso es una paz que no te puedes ni imaginar, la mirada de todos los que están allí, no solo de ella, esa paz y esa tranquilidad que transmiten los sanitarios", cuenta Loly enormemente agradecida.

Afortunadamente el virus todavía no había hecho estragos en su cuerpo, no tenía neumonía y no fue necesario ingresarla en planta. "Me pidieron que me fuera a casa pero que siguiera así, con esta actitud positiva, porque la mente tiene mucho que ver en esto. Es muy complicado. Este bicho se mete en tu mente, se mete en tu cabeza. El cuerpo quema por dentro pero llega un momento en que se te mete en la cabeza", relata Loly. "No te deja descansar, no te deja dormir, no te deja ver nada positivo, pasé 24 horas en las que llegué a bajar los brazos. Me llegué a decir, ¡qué egoísta eres!, ¿vas a bajar los brazos después de todo lo que has pasado? No tienes un respirador, no estás en la UCI, pero todavía escuchas tu corazón. Loly aguanta", recuerda. "No puedes permitirte el lujo de decaer, tienes que aguantar por ti y por los tuyos", añade.

"Estoy luchando para superar el virus porque quiero volver a abrazar mi nieta", cuenta Loly González

Un día estuvo más de una hora para lograr incorporarse en la cama, "por el agotamiento, por la falta de fuerza", explica. "Es muy duro, muy difícil, pero se puede salir. Este bicho te deja blanca, te duele hasta mirarte en el espejo, te asustas, te impresiona", añade. Al padecimiento físico se añade el psicológico, "¿habré contagiado a mi nieta?, ¿a mis hijos?, ¿habré contagiado a mi familia?", se preguntaba Loly cada día con culpabilidad. "Mi doctora es maravillosa, estuvo hablando conmigo varias horas y me tranquilizó cuando llegué a ese punto", explica.

Ahora permanece en casa en compañía de los libros, de algunos juguetes de su nieta y de la radio. También escribe cada día la página de un diario que le ayuda a dar sentido a una historia durísima pero que ha sabido superar con la fuerza que le caracteriza, "mi nieta me dice, mamama, cuando se vaya el bicho lo primero que voy a hacer es abrazarte. Esto es muy duro, pero la vida es muy bonita, tenemos que resistir, la vida es bella aunque sea dura. La humanidad es maravillosa, me han hecho sentir querida, me han hecho sentir cerca estando sola, eso es maravilloso, es increíble, estoy muy agradecida", concluye Loly.

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